
Sólo hemos salido a comer, y no todos los días. Y despues, rapidito, rapidito para casa.
Pero como los encargos de una madre no pueden dejar de hacerse, el sábado por la mañana nos acercamos al mercadillo de Santoña. Esta villa marinera tiene una estupenda lonja de pescado, y, a su alrededor, se instalan puestos de hortelanas de la zona. Como toda persona decente, que veranea en la zona, nosotros somos fieles a una en especial, "la Begoña", que es de Noja.
Y que tiene repollos como éste:
Y caricones como éstos:
En una huerta cerca de ésta:
Despues de llenar el coche de productos de la huerta, cuyos sabores no recuerdan, para nada, lo que compramos en el "hiper" de turno, nos volvimos para casa, pasando por praos verdes con frisonas muy guapas.
Algo de bebercio, mucho comercio y buenos ratos con mi hermano, mi cuñada, primos y amigos. En esto ha consistido nuestra Semana Santa, en un lugar donde no hay sitio, ni tradición, para las procesiones. Y en un año en el que nuestra costumbre más arraigada, la de ir de vericuetos, se ha visto arrinconada por las inclemencias del tiempo.
Ya de vuelta, nos esperaba una sorpresa. Para poner la guinda al temporal hizo su aparición la nieve, 
que nos acompañó buena parte del camino.
Los cielos cubiertos de Cantabria se abrieron al llegar a Palencia, en donde las nubes se tornaban en formas caprichosas.
Paramos en Támara de Campos para tomar un vino con más familia. Es el sitio perfecto entre Alicante y Santander... 
Y en San Hipólito también había un buen fuego.
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