Valladolid-
Salamanca- Valdunciel-
Forfoleda- Aldearrodigo-
El Arco- Añover de Tormes- Palacios del Arzobispo- Zamayón-
Valencia de la Encomienda- Aldearrodrigo-
Villanueva de Cañedo- Fuentesauco- Cañizal-
Sieteiglesias de Trabancos- Valladolid
Ayer amaneció con niebla en Valladolid, pero enseguida salió el sol, y con él, nosotros, rumbo a Salamanca.

Desde que vivimos aquí hemos estado varias veces en Salamanca. Es una ciudad preciosa para pasear, llena de rincones tranquilos,

y calles bulliciosas.

Ayer hacía calor, estudiantes, alguno vestido de personaje festivalero, turistas japoneses y salamantinos se habían
tirado a la calle en busca del solecito.
Tambien hay piedra, mucha piedra, de la que nunca te cansas de admirar.

Despues de un buen paseo, nuestro estómagos, que no perdonan nos condujeron hacia El Albero, en la carretera de Bejar, en donde comimos muy
requetebien.
Dirección Zamora. En el cruce de Valdunciel, tiramos a mano izquierda. Despues del barroquismo dorado de la ciudad de Salamanca, gusta encontrarse con pequeños pueblos de iglesias sencillas y rincones acogedores.

Las carreteras de esta zona son buenas, bordeadas por dehesas con grandes encinas y ganado
morucho. Sin tráfico. Para conducir despacio y admirar el paisaje.
Poco antes de llegar a Villanueva de Cañedo está el Castillo del Buen Amor, del siglo XII, que el Obispo Fonseca transformó en un magnífico palacio en el siglo XV.

Sabíamos que ahora está habilitado como hotel. Entramos tras otro coche, y tras intentar acceder al interior por la puerta principal, que parecía atrancada, dimos la vuelta y entramos por atrás, directamente al impresionante patio de armas.

Desde allí visitamos distintas dependencias y miramos y admiramos la peculiar decoración, que mezcla lo antiguo con lo contemporáneo.
Llegamos al bar y pedimos un café. Nos informaron de que el castillo está reservado esclusivamente para los clientes del hotel, pero que se podía visitar, previo pago. ¡Glup! Como ya lo habíamos visto, pedimos, cortesmente, una tarjeta y nos fuimos, muy dignos...
De vuelta a Valladolid paramos en Sieteiglesias de Trabancos, yo sólo vi dos... Allí vive un compañero de facultad de Jucha, al que hacía unos diez años, calculamos, que no veíamos. Lo localizamos y nos tomamos el cafelito con él, en un bar que no está
reservado, exclusivamente, para los clientes de hotel.

Con calles que se llaman así de bonito, no nos extraña que Arbe se haya ido a vivir a este pueblo.

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