Garray- Matute de la Sierra- Tera- Rollamienta- Valdeavellano de Tera-
Molinos de Razón- Sotillo del Rincón-
Vinuesa-
Molinos de Duero
Volvemos a la N-111, y a la altura de Matute de la Sierra nos desviamos hacia el valle de Tera, Razón y Razoncillo, los tres rios que dan vida a esta zona.
Esta carretera discurre paralela a la Sierra Cebollera, que aún conserva algunas nieves. Con pueblos cuidados, de casas de piedra, que reciben muchos visitantes en épocas de vacaciones.
Nuestra siguiente parada la provocó este arbol:

Lo vimos desde la carretera y nos acercamos a él. Imponente y con un buen guardian.

Molinos de Razón es un pueblo pequeño, de casas encantadoras y bonitos rincones.

Su iglesia también se ve desde la carretera, pero no desde el pueblo. San Vicente se encuentra al final de un sendero, que nos hizo darnos un buen paseo.

Es curioso este enclave, lejano al pueblo. El hecho es que pertenecía a un antiguo emplazamiento, Aza, que se despobló, y el nuevo Molinos tomó prestada la iglesia.
Desde allí se ve todo el valle, que es precioso:

Otra vez en carretera, las vistas son impresionantes, la sierra nevada y la vegetación que empieza a despertar, excepto los alcornocales, que forman enormes manchas, casi violáceas, en las laderas de las montañas.
Vinuesa es el pueblo más grande de la comarca. Caserío de piedra con algunas casonas de importancia, alguna palacio, y una iglesia del Siglo XVI.

Consagrada a la curiosa Virgen del Pino:

Su pequeñísimo tamaño, me recordó a nuestra Bien Aparecida, patrona de Cantabria. No hace falta ser muy grande para crear devociones.

Compramos embutido y queso de la zona en la carnicería Medrano, que tiene un precioso suelo hidraúlico y un olor...
En Molinos de Duero, cuanto molino, paramos a comer. El chiringuito al que íbamos estaba cerrado, y lo cambiamos por San Martín, en donde también lo hicimos muy bien, buena legumbre, buena verdura y rica carne.
Paseamos por sus calles para bajar la comida y seguir disfrutando.

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