Molinos de Duero- Abejar-
Calatañazor- Aranda de Duero-
Haza- Valladolid
De Molinos de Duero a Abejar te acompaña el Embalse de la Cuerda del Pozo, que tiene hasta playas como la de Pita. De Abejar a Calatañazor, larguísimas rectas que se adentran en el gigantesco sabinar de la Sierra de Cabrejas.
Calatañazor es un pueblo anclado en la Edad Media.

Con restos de un castillo, que se asoma al Valle de la Sangre, en donde los cristianos vencieron en el 1002 al terrible Almanzor.

Porticadas con pilares de sabina, duros como las piedras.

Casas de adobe coronadas por curiosas chimeneas, que en el interior conforman habitaciones- cocina dedicadas, entre otras cosas, a la matanza.

De calles estrechas que avisan a forasteros, más altos de lo habitual.

Y muros vencidos.

En la carretera a Aranda de Duero aun se observan restos del sabinar.

La tarde va clareando y las nuevas cosechas ofrecen bonitos contrastes de colores.

Nos resistimos a volver a casa. Salimos ayer de Valladolid y 24 horas despues la impresión que tengo es de haber pasado varios días fuera. Hemos visto mucho y muy variado en apenas unos cuantos kilómetros.
La provincia de Soria es sorprendente, distinta.
Ya en Burgos, nos subimos al pueblo de Haza, cuyo torreón domina la Ribera del Duero.

Desde allí se ve así:

Haza es un pueblo muy degradado, con casas buenas derruidas y nuevas construcciones sin criterio, pero conserva una bonita iglesia, con un curioso bajorrelieve en el lateral de la portada.

Y capiteles que hablan, ya, del vino, en el siglo XII.

La Ribera del Duero está unida a las uvas desde tiempos lejanos, y así seguira, afortunadamente, para los que disfrutamos de una buena copa de vino.

Los restos de las murallas de Haza ahora tienen otros cometidos diferentes a los iniciales, ya no defienden. Ahora sostienen cuerdas de tender...
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