Ardua tarea, pero la solución existe.
Y se hace así:
1. Se agrupan tropas
Recogimos al resto del
rebaño, los uniformamos, ¡van todos de azul!, y comenzamos.

2. Se calientan motores
Un paseo suave por el pueblo ejercita los músculos de las piernas y prepara los sentidos para disfrutar, sobre todo de la vista y el olfato.


Subimos hasta el Couto y echamos unos rezos y unas pataditas al balón.

3. Se posiciona en la línea de salida
En la carretera hacia Vanidodes, según pasas el tunel de la autovía, sale una pista a mano derecha.
Al fondo, los Montes Leoneses, y en primer plano las retamas florecidas, en blanco, que nos acompañan gran parte del recorrido.

4. Se confirman itinerarios
Ceca nos cuenta que estas pistas son nuevas, deben de tener algo que ver con labores de mantenimiento, digo yo...

Son comodas para caminar, para unos más y para otros menos.
5. Se anima a las tropas
¡Venga, chicos, que os quedáis atrás!
En ese momento se nos cruzo una corza... También hay
guarros y lobos, mucha fauna en un bosque bajo de encina, muy apropiado para ocultarse.
6. Se refresca la marcha
Cruzando el riachuelo, que discurre alegre, bien servido con las aguas del deshielo.

Y adentrándonos en el
Pinar de Valdejao, que nos lleva al final de la pista.
7. Se llena el depósito
Salimos cerca de la autovía, la cruzamos por un puente y nos tomamos unas
caseras en el único
chiringuito de Combarros, a la salida.

8. Se llega a la meta
Tras dos horas de paseo, con una temperatura perfecta, en una compañía inigualable y rodeados de un paisaje maravilloso.

Nos lo hemos pasado muy bien, Solmar y Ceca... muchas gracias...de nuevo.

De camino a Valladolid, algo de tráfico, se empezaba a notar la vuelta del puente, pero eso... es otra historia.
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