Este fin de semana hemos estado en Noja.
Un invierno amable y una primavera turbulenta están dando sus frutos.
La mañana del domingo, de paseo, pude ver los limones, que los hay siempre y en cantidad.
En verano y en invierno, ya que son
luneros, con una floración y una cosecha cada mes.

Algunos llegan a alcanzar tamaños sorprendentes y son ácidos, muy ácidos...
También hay ciruelas. Por primera vez. Los
pisardis de casa tienen 36 y 38 años, se plantaron cuando nacieron mis hermanos.

Aun no están maduras, claro, pero huelen muy bien. Y cuando las vi sentí un cosquilleo orgulloso. ¡Por fin!
Y las metas, pequeñas fresas silvestres, muy escasas, que hay que saber buscar y encontrar.
Aunque vale la pena llegar a ellas. Meterse una meta en la boca, cuando está madura, hace que todas las papilas gustativas se pongan en funcionamiento. Su sabor es rotundo y dulce.

Y son tan bonitas....

Mucho agua y mucho sol es necesario para que todos estos frutos engorden y maduren.
Agua como la que tuvieron Emi y Unai el sábado, cuando decidieron casarse en Noja.

Y sol como el que lució al día siguiente.

Que su amor madure y de frutos como los que nos da la tierra.
Y que nosotros lo veamos.
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