En casa hay una buena colección de moldes, metálicos y de cristal, rectangulares y redondos, con agujero y sin agujero... Pero desde que entró por la puerta el primer molde de silicona, los pobres han sido arrumbados a los altillos de la cocina, abandonados.
El primero que llegó era enorme, vamos que me costó casi 1 kl de harina llenarlo, y el resto de la receta, claro. Cuando desmoldé ese primer bizcocho me enamoré perdidamente de la silicona y no le pongo los cuernos con nada, excepto con
mi Jucha.

Los tengo comprados en tiendas como
Vinçon, de marcas buenas, como
Lekué o
Tefal, y también de oferta de
Aldi, o de
Todo a Cien.
Flanes,
pudings, bizcochos...
Algunos tengo que aceitar, ligeramente, para asegurarme un buen desmolde, pero
todos ellos me han dado muy buen resultado.
A algunas mujeres les hace felices la silicona en ciertas partes prominentes, ahora, de sus cuerpos. A mí, en los armarios de la cocina.
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