El valle de Liendo es precioso. Una playa pequeña y de difícil acceso ha sido la causante de un crecimiento turístico muy controlado, mientras pueblos cercanos, como Laredo o Noja se han convertido en
moles enladrilladas.

Trás la comida estuvimos
de vericuetos por sus callejos silenciosos y tranquilos. Entre avellanos. Viendo como las nuevas construcciones de chalecitos pareados de inspiración tradicional, se intercalan con viejas casonas que conservan preciosos jardines, muy cuidados.

La tarde, aunque gris, nos quiso acompañar en el paseo, con una estupenda temperatura, y con los olores de la primavera siempre en el aire.
Cuando abrieron la autovía a Bilbao pensé que se lo habían cargado, pero se ve más Liendo desde la autovía, que la autovía desde Liendo. Es una suerte.
A aquellos que tenemos nuestras raices en sitios que, una vez, se parecieron a éste, nos causa mucho placer ver como, aún, se pueden hacer las cosas bien. Placer y envidia... Mucha envidia.

Tags: Vericuetos, liendo, cantabria