Aunque soy licenciada de Prehistoria y Arqueología, me chifla la modernidad y la mayoría de sus avances.
Y me divierte como
nuestros mayores se adaptan a ellos.

Sus deliciosas aproximaciones empiezan, simplemente, a la hora de nombrarlos.
En
casa es famosa la frase de mi bisabuela Conech, que regresaba
"agotada despues de haber estado toda la mañana de boite en boite, buscando un vestido para una boda".
Nos mondábamos de la risa, los nietos, el día que mi abuela Gloar nos contaba que
"el vecino de arriba llevaba un mes de obras y hasta había instalado un suzuki en el cuarto de baño."
La madre de nuestro amigo Ceca, muy aficionado a la natación, le quiso comprar
"un traje de ibuprofeno, para que no cogiera frío. Todo el día metido en el agua..."
Claro que las mayores carcajadas se las oí a Jucha cuando mi madre le avisó de que
"le había comprado bebidas esotéricas y que ya estaban guardadas en la despensa". Aunque años antes había
"encargado unas ventanas de p.n.v., para el comedor", provocando la hilaridad del carpintero y de todos los que nos enteramos de la anecdota.
El verano del 2003 fué
especialmente crítico para Chuny, mi madre, en este aspecto. Tres
chismes modernos aparecieron en su vida, y a la vez:
La Maxi-Cosi, sillita en la que llevaban a mi sobrina Blaco.
La Vari Kennel, jaula en donde metía a su
teckel, en el coche, cada vez que iba de viaje.
Y la Thermomix, el robot
mágico.
A los tres les puso el nombre correctamente, desde el primer momento. Pero se pasó el verano
"metiendo al perro en la Maxi-Cosi, haciendo el gazpacho en la Vari Kennel, y llevando a la niña en la Thermomix."
(Que curioso, todo son mujeres... ¿Los hombres no hablan de la modernidad?)Tags: Chascarrillos