El viernes por la mañana salimos para Málaga.
No se si es por que normalmente tiramos para el Norte, pero el paisaje andaluz llama poderosamente mi atención y hace que me embelese contemplándolo.
Desde Despeñaperros los olivos se agolpan a ambos lados de la autovía.

Discurren en ordenadas hileras, subiendo por lomas y montes, salpicados por blancos cortijos y almazaras, que llenan el aire de ese olor a aceite crudo tan penetrante.

En esta época están frondosos. Y atravesando Jaén y Granada llegan hasta los Montes de Málaga.
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