Trás la romería de San Timoteo nos llegó la hora de conocer Luarca y algo de sus alrededores.
Nos levantamos temprano y tiramos hacia el Oeste. Nuestra primera parada fué en el Puerto de Vega, chiquitín y coqueto.

Con un espigón a base de cubos de hormigón, tan en boga en Asturias.

Desandando el camino pasamos por Santa Marina y Tox, para llegar al maravilloso paraje que acoje la Playa de Barayo, absolutamente salvaje.

Sólo es posible acceder a ella a pie, y eso me gusta.
Nos dimos un chapuzón en la playita de Otur. Tranquila y familiar, nos recordó la playa de nuestra niñez.

Despues de comer con asunb y JR, nos pasearon por Luarca.

Cuesta arriba, primero, en busca de la iglesia de la Virgen Blanca, la patrona, y de maravillosas vistas sobre el caserio apiñado del pueblo.

Hasta dominar el puerto y sus playas.

Conociendo retazos de su historia y de sus pobladores.

Bajar y vuelta a subir, ahora en busca de San Roque, ¿ó San Martín?, ¿en qué quedamos?
Desde allí se controla el viaducto, que se construyó para dar paso a la vía del FEVE, y que costó la vida a muchos de sus trabajadores.

Gentes duras, los luarqueses...

Desde allí también se ve la Virgen Blanca, y, a sus pies, el cementerio que aloja los restos de D. Severo Ochoa, oriundo de esta villa.
¡¡¡Muy bella la Villa Blanca!!!
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