
Valladolid- Palencia- Carrión de los Condes-
Saldaña-
Velilla del Río Carrión- Camporredondo de Alba-
Santibañez de Resoba-
Cervera de Pisuerga- Perazancas-
Moarves- Herrera de Pisuerga- Frómista-
Támara de Campos- Palencia- Valladolid
El fin de semana pasado, despues de varios meses, decidimos quedarnos en Valladolid. Pero como somos dos culos inquietos, el sábado nos subimos al coche y nos fuimos a comprar legumbre a ¡Saldaña!.
Apenas quedaban un par de puestos cuando llegamos, compramos lentejas y rosquillas ciegas, para regalar, visitamos la Iglesia, que guarda un magnífico sepulcro en marmol, y nos encaminamos a la Plaza Vieja.

De gran encanto, merece la pena ser contemplada, cada pilar, cada soportal, cada ladrillo.

Toda la villa está inundada de geranios y surfinias. Y al fondo se observan los restos de su castillo.

Cada rincón, cada puerta, recuerda un pasado que se esfuerza por regresar.

Seguimos camino por las planicies castellanas, viendo acercarse, cada vez más, la preciosa Montaña Palentina.

Paramos en Velilla del Río Carrión a comer, sin pena ni gloria, a excepción de un rico flan de café en los postres...
Velilla está ya inmersa en la montaña, y ahí radica su belleza. El entorno que la rodea es potente, de granito puro.

Y con la
siesta iniciamos la
ruta de los pantanos.

Con la montaña a un lado, y los embalses al otro el paisaje se torna distinto a todo lo visto hasta ahora. Hemos pasado de
tierrra de campos a la
Suiza palentina...

Rodeados de pinares, se suceden pueblos como Camporredondo de Alba, Cardaño de Abajo, ó Alba de los Cardaños. Pequeños reductos en donde reina la paz y el aire puro.
Tras el embalse de Compuerto viene el de Camporredondo, que llega hasta Triollo.

Me gusta imaginar como será a principios de primavera.

¿Con las cumbres nevadas y lleno por los deshielos?
Por ahora no hay más agua, pero si prados, donde pacen las ganaderias.

En Santibañez de Resoba, sierra y espadaña se contemplan, desafiándose.

Preguntándose la una a la otra quién lleva aquí más tiempo.

Otra vez vuelve el agua a acompañar nuestra marcha. Ahora el embalse de Cervera.

En el pueblo paramos para el final de la Vuelta, que hay cosas que uno no debe dejar de ver...

Cómo me gustan las tiendas de comestibles, y más si respiran vetustez.

En Moarves de Ojeda hay una visita obligada, la iglesia de San Pedro, que conserva una de las fachadas más originales del románico.

Coronada por un excelente pantocrator, resguardado por el apostolado completo, seis a cada lado. Para mí es una joya del románico español, que, además, me traé recuerdos de mi época de estudiante, cuando la descubrí, en un viaje de fin de curso, entre la niebla...
Años mas tarde la volví a ver, recién casada, de vuelta a Madrid.
Pero nunca había tenido la suerte de entrar, y esta vez... ¡Sí!
Las señoras del pueblo estaban limpiándola, y poniendo flores.

Y nos dejaron pasar.
Dentro hay un curiosa pila bautismal, decorada con hombrecillos de rasgos orientales.

Y algunas tallas góticas, muy sencillas pero de bella factura.
De vuelta a casa paramos en Támara de Campos.

A disfrutar de Pipa, que crece con los días, y ahora sonrie con todo.

Y a tirar de las orejas a tía Pazme, que cumplía años, y que nos invitó a cenar ricos embutidos de la zona.
De postre
queimada, hecha por Pipo, aunque sin
conxuro.

Para ahuyentar a las
meigas...
Uuuuhhhh.....Tags: Vericuetos, palencia, castilla y león