
Ayer, por la mañana, nos acercamos hasta Tordesillas, para dar un vuelta por el Mercado Renacentista, que se celebra todos los años.
LLeno de colorido, con más de 160 puestos, ocupa gran parte de la zona antigua, serpenteando por calles y plazuelas.

Muchos dulces, chocolates, especias, jabones, inciensos que inundaban la atmosfera de olores peculiares.
Manufacturas en estaños y cueros. Maderas y mimbres. Ceras y papeles.

La villa se engalana y se embellece para dar mayor ambiente.

Y las gentes de Tordesillas sacan sus trajes del Renacimiento para hacernos, a los visitantes, disfrutar de lo lindo con sus vestiduras.

En la Plaza Mayor el maestro tornero forma un corrillo a su alrededor, mostrando sus artes.

Y los caballeros refrescan sus gaznates,
a golpe de botellín.

Vaya
ambientazo que se gasta Tordesillas. Está todo en pueblo en la calle, mostrando sus mejores galas.

Y los pasacalles hacen las delicias de chicos...

Y grandes.

Hasta el
señor posadero se nos ha vestido de época.

Y la
señora torre también...

La villa en la que Dña. Juana paso los momentos más trágicos de su vida, hoy se divierte y rezuma alegría.

Como lo debió hacer el día que se firmo el tratado en el que España y Portugal se repartían el mundo.

Hoy la situación es bien distinta, pero el ánimo de las gentes no ha cambiado.
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