Ayer guardé la ropa de verano y saqué la de invierno.
Llevaba varios días resistiéndome. Y pasando un frío...
Para mi es el aviso, y no lo que anuncia el calendario. Cuando necesito ponerte calcetines... ha llegado el otoño.
Las castañas pilongas ya cubren el suelo de la calle donde vivo, brillantes, despojándose de su amenazadora cáscara. Dispuestas a que las manos de los niños las acaricien, suaves, mientras las guardan, como un tesoro, en sus bolsillos.

Los alcorques de los árboles se van llenando de hojas y la parra virgen que trepa por las columnatas que pueblan los parques, se colorea, presumida.
Y da sus pequeños frutos, uvas con las que nadie hará vino.
También han llegado las primeras lluvias. No esas tormentas de verano que refrescan el ambiente.
Lluvias intermitentes que templan los primeros fríos de la mañana.
Abrillantando unas hojas. Y ahogando otras.
Hasta este arbol ha decidido cambiar su vestuario:
Copiando a su vecino, eldecorreos.
Y es qué, este otoño, se lleva el amarillo.
Tags: Chascarrillos