Noja- Bilbao- Getxo- Plentzia- Bakio-
San Juan de Gaztelugatxe- Bermeo-
Mundaka- Gernika- Amorebieta- Arrigorriaga- Llodio- Okondo- Sodupe- Artziniega- Gordéliz- Lastras de Teza- San Pantaleón de Losa- Trespaderne-
Oña- Briviesca- Burgos- Valladolid

El lunes pasado, aprovechando que en Castilla y León era festivo, volvimos de Noja dando un
pequeño rodeo. Decidimos visitar el santuario de San Juan de Gaztelugatxe, entre Bakio y Bermeo.
El sitio es hermosísimo. Una pequeña capilla sobre una roca, que se ha unido a la costa mediante un puente. La ascensión, muy cómoda, tiene algo más de 200 escalones.


Cuando llegas arriba, además de unas preciosas vistas de la costa vizcaina, te encuentras con una gran población de lagartijas, las más grandes y verdes que jamás yo haya visto.

La escalera, zigzageante, impresiona más desde arriba.

Y puedes ver la huella de San Juan, réplica de la que hubo en otra época, antes de que el santuario se destruyera debido a un incendio provocado, en 1978.

Gracias al tesón de las gentes de Bermeo, se volvió a levantar, inaugurándose en 1980.

Y no me extraña, ya que en este lugar no puede haber otra cosa que este santuario lleno de leyendas, tradiciones, y estrechamente unido a la historia de la zona, desde el siglo X.

El día, que amaneció azul, fué griseando, y una intensa niebla se instaló, a modo de
txapela, sobre el monte cercano que lo separa de Bermeo.
Pero volvió a abrir en cuanto llegamos a Mundaka, que ofrecía un aspecto primaveral, con sus balcones llenos de surfínias.

Los 300 escalones nos abrieron el apetito y entramos a comer a la Sociedad Fraternidad Mundaquesa, ó, lo que en la mayoría de lugares se conoce como el
casino. Allí nos tomamos, entre otras cosas, unos riquísimos lomos de merluza a la plancha, dentro de un menú del día muy económico.

Dimos un paseo por un parque, que se asoma al Cantábrico.

Y por el puerto, que se mete hasta el casco viejo del pueblo.

Lleno de encanto.

Ya de vuelta, tras mucho vericuetear, para evitar carreteras principales, nos dimos de bruces con la impresionante losa que soporta la ermita de San Pantaleón, y da cobijo al pueblo que une ambos nombres.

Hay que volver por esta zona, que tiene tesoros aún desconocidos para nosotros...
El desfiladero que une Trespaderne con Oña es de los parajes más bonitos que conozco, y en otoño adquiere nuevos colores, que me sorprenden.

Cansados, decidimos parar, a tomar un
cafelito en este último pueblo.

Oña tiene dos plazas estupendas. Una que se abre al Monasterio de San Salvador, un gran edificio monástico, que fué fundado a principios del siglo XI por Sancho García, Conde de Castilla, y que despliega una enorme actividad y va aumentando a lo largo de los siglos hasta el XVII, cuando se construye la impresionante fachada barroca, que ahora da entrada a un hospital de la Diputación de Burgos.

La iglesia y el claustro son panteón real y condal. Eso nos da pistas sobre la importancia del monumento.

La otra plaza, más chiquitina, está resguardada por la Torre de la Iglesia de San Juan, que tiene una fachada gótica de gran belleza.

Y mucho
ambientillo, con terracitas. De esta plaza sale, hacia el Este el barrio de la Judería.
Vaya viaje variado, que nos hemos pegado de vuelta. De los que a mi me gustan, y que a Jucha agotan...
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