Valladolid- Ávila- El Barraco-
San Juan de la Nava- El Barraco- Ávila- Valladolid

Este fin de semana lo hemos pasado con mis tios, Bean y el Pelirrojo, en una casa que tienen cerca de El Barraco, en Ávila.
También estaban mi prima Maco, Pipo, y por supuesto, Pipa.

Bean y el Pelirrojo son muy acogedores, y todos los años
nos reciben por estas fechas. En su casa se está muy a gusto, disfrutando del aire puro, aunque este año la lluvia nos ha acompañado casi todo el
finde.
Bean cocina estupendamente, y despues de
castigarnos durante toda la mañana del sábado con un intenso olor que salía de su cocina, nos
obligó a comernos estas judías del Barco, que nos supieron riquísimas.

Para acompañar castañas en la chimenea, muy propio de la época.

Menos mal que despues de la comida subió la niebla y se despejó.

Nos fuimos a dar un buen paseo campestre, a disfrutar del olor a tierra húmeda.

Y de las formas antojadizas de algunos árboles.

Caminar por el campo agota a algunos...

Pero hay que retomar camino, y seguir buscando setas, que es lo típico de estas fechas.

Muy pocas vimos, y muy pequeñas...

Pero sí admiramos los fresnos, que en el otoño amarillean.

Y contrastan con las copas casi negras de las encinonas.

Encinonas centenarias de gruesos troncos, firmes y rotundos.

Trás la foto de rigor, muy a lo Delibes...Volvimos a casa para arrimarnos a la chimenea chisporroteante.

Y charlar en torno a ella, con un buen vaso de vino entre las manos, saboreando un largo rato de reposo, sin horas, sin prisas.
A la mañana siguiente volvió a amanecer lloviendo y tras un buen desayuno bajamos a El Barraco, de
compritas.
Entramos en la carnicería, y llenamos la nevera con ricas carnes de Ávila, como estos chuletones:

También visitamos algunas tiendas de pieles, que Pipo está buscado una pelliza, y no la encuentra...
Sí encontró Bean una chaqueta de cuero, con cinturón, chulísima, que seguro que usa un montón en sus caminatas matutinas.
De vuelta a casa, el Pelirrojo, vigilado por Pipo, ¿ó fue al revés?, se marcaron unas chuletillas de cordero en las brasas que estaban
de rechupete, y ensalada con tomates de la huerta, para desengrasar, y vino, más vino...

Es tiempo de secar hortensias, recoger los últimos tomates de la huerta, y cortar aromáticas para hacer despensa.

Por la tarde, mientras cerrábamos, volvió a despejar...

Y salió el sol, de nuevo, para despedirnos.

De vuelta a casa me di cuenta de la variedad de paisajes que se pueden contemplar en Castilla, habiamos pasado de una dehesa abulense a los campos de cereal vallisoletanos, que se están terminando de cosechar, enmarcados por pinares.

También me percaté de que hay gente muy orgullosa de si misma... y de sus motes.

¡¡¡Anda que ponerle ese nombre a su empresa!!!
Gracia Bean y el Pelirrojo por este fin de semana tan estupendo. En vuestra casa se está muy
a gustito, de verdad.
Tags: Vericuetos, cacerolas, ávila, castilla y león