Valladolid-
Combarros-
Castrillo de los Polvazares-
Combarros- Valladolid
Como la pasada primavera, quedamos con Sólmar y Cécar en volver a vernos en Combarros. Esta vez también venía Pégar, la madre de Cécar. Y sus dos niñas, Bécar y Márcar. A Fécar
le teníamos de convivencias, en Cantabria.
Llegamos justo a punto para decidir en donde comíamos y nos volvimos a poner en carretera, rumbo a Castrillo de los Polvazares.

Trás
la comida, de vuelta al coche, pudimos volver a pasear por este precioso pueblo, en el que, cada vez que vas, aprecias cosas nuevas. Y Pégar me robó, durante unos minutos a Jucha, escudándose en los años...ja, ja.
Si estás hecha una mozuela, un poco más y me lo birlas del todo...

Qué bonito el sistema de canalizaciones del agua de lluvias, y qué bien construido.

Castrilllo despide un misterioso hechizo, con su piedra dorada y sus puertas verdes.

Trás las que se abren patios magníficos.

Todo este tipismo, ha provocado verdaderas olas de visitantes, que los moradores de Castrillo, y algunos venidos de fuera, han aprovechado para crear sus fuentes de ingresos, con más de media docena de restaurantes y otros negocios paralelos. Aquí, el que no corre, vuela...
Y tal era el frío, que nosotros volamos para Combarros, a encerrarnos
en casita, charlar, reir y jugar una
trepidante partida de parchís, que parecía no acabar nunca. ¿Cuantas fichas volvieron a casa? Y es que, en esto del juego, no hay amistades que valgan, estando, incluso, por encima de la propia parentela...

Estuvimos tan bien... Tan en familia... Qué volvemos en cuanto nos llaméis.

No os váis a librar de nosotros facilmente...
Muchos besotes, guapetones.
Tags: Vericuetos, chascarrillos