Ayamonte-
Gibraleón-
Sanlúcar de Barrameda-
Jerez de la Frontera- El Puerto de Santa María
Anocheciendo llegamos a Ayamonte. Y mientras deshacíamos la maleta terminó de oscurecer.

Ni cortos, ni perezosos, y dispuestos a aprovechar el resto de la tarde, salimos a dar un paseo. Y contemplamos la ciudad iluminada, orgullosa de su Iglesia de Nuestra Señora de las Angustias.

En su interior se puede ver un precioso artesonado de madera, policromado.
Y una bellísima imagen de la Virgen de las Angustias, realizada en el siglo XVI, y a la que los ayamontinos dedican este himmo:
Salve, Salve, Madre de las Angustias
Faro y consuelo del pecador
A tus plantas se postra Ayamonte
Implorando refugio y perdón.
Bendice a tu pueblo;
Bendice los mares
Consuela al que sufre
Madre del dolor.
Bendice Ayamonte
Que siempre te ama
e implora tu amor.
Bonitos edificios como éste, neogótico, actual sede de Unicaja.

Y hermosos patios inundados de vegetación.

Como el de La Casa Grande, actual Casa de Cultura.
Construida en 1660 por Manuel Rivero González, fué adquirida por el Ayuntamiento a finales del siglo XX, en estado de semi-abandono, y restaurada para estos fines.
Azulejería religiosa de vivos colores adornan sus calles.
Esto sólo se ve en Andalucía.
Y despues de pasear por el puerto, dormido a esas horas, llegamos al Baluarte de las Angustias, restos de las antiguas defensas de la ciudad, desde donde se controlaba la desembocadura del Guadiana y la vecina Portugal.

Con ansias de playa nos acercamos a Isla Canela, y atravesando un chiringuito llegamos hasta el mar, que la luna plateaba.
Vuelta al Parador, cama y a la mañana siguiente, desde la habitación, vimos Ayamonte de día, y enfrente Vila Real de Sao Antonio.

A la que se llega atravesando el Puente Internacional.

En camino, de nuevo, hicimos una parada en Gibraleón, para recoger a Mati y a Navahita, los que van a ser, a partir de ahora, nuestros compañeros de viaje.
Habíamos decidido ir de un tirón hasta Sanlúcar de Barrameda, en donde quedamos para comer con mi prima Lurron, y Julo, su marido.

Aparcamos cerca de la Plaza de la Paz, en donde está enclavada Nuestra Señora de la O, con una curiosa fachada lateral, de estilo gótico- mudejar.
Y buscando la Plaza del Cabildo, bajamos por la cuesta de Belén y divisamos la Casa- Barco de Sanlúcar, reclamando su derecho a no ser demolida por el Ayuntamiento.

Y las Covachas, lonja de estilo gótico, que construyó el II duque de Medina-Sidonia, a finales del siglo XV, rematada por una
logia, ó porticada, decorada con sierpes, por lo que recibe también el nombre de Las Tiendas de las Sierpes.

De calles estrechas en blanco y albero.

Y plazuelas recoletas adornadas con fragantes naranjos, Sanlúcar es una ciudad vivaracha, llena de tradición e historia, que merece ser recorrida con más profundidad.

Lurron y Julo nos invitaron a comer en la clásica Casa Balbino, en donde dimos buena cuenta de unas impresionantes tortillitas de camarones, ricas acedías, sorprendentes ortiguillas y un calamar relleno muy bueno, acompañado de la manzanilla, con que podía ser si no...
Para el café nos sentamos en el patio del Palacio de Medina-Sidonia, un lugar muy agradable, lleno de encanto aristocrático. Y en el que
como las cosas de palacio van despacio, tardarón casi una hora en servirnos.

Allí es donde la batería de mi cámara dijo adios... Y sólo respondió, durante unos segundos, para inmortalizar el momento en el que mi amiga
Carmenor y yo nos tomamos un café, frente al Ayuntamiento de Jérez de la Frontera.

Despues de casi dos años de amistad a traves de la red, nos pudimos abrazar, mirar a los ojos y sonreir, esperanzadas, para que la foto de Jucha saliera...
También nos reimos, sorprendidas, cuando su marido, Juvaz, y Julo estrecharon sus manos y empezaron a recordar ¡¡¡los tiempos del colegio!!! Compañeros y amigos durante toda la EGB, vaya casualidad... Y es que el mundo es un pañuelo.
Trás un par de horas de charla ininterrumpida,
que cortas se me hicieron, Carmenor y Juvaz se tuvieron que ir y Julo nos enseñó su Jérez natal.
Palacios, iglesias, calles llenas de encanto... tenemos que volver. Para verlo de día, tapear por sus bares, guiados por Julo, y volver a disfrutar de la compañía de Carmenor.
Ya en El Puerto de Santa María, mi prima y su marido nos agasajaron con una riquísima mariscada, de productos frescos del mercado y al fuego de su cocina. Langostinos, gambas, camarones y cañadías. Acompañada por unas ricas aceitunas, y un queso de cabra payoya, que
juramos buscar en Villaluenga del Rosario.
Y mucha conversación, en su acogedora casa, acompañados de Marlo, su hija.
Mañana más.
Tags: Vericuetos, andalucía