Tras la comida en Abel, la mayoría del grupo se volvió a San Hipólito, a dormir la siesta, ó jugar un mus.
Pero nosotros nos acercamos, junto con mis primos Maco y Jaco, Pipa y su tía favorita Hean..., a visitar esta villa romana, que está a pocos kms de Carrión.
Estaba ya atardeciendo, es lo malo que tiene el final del otoño, y las fotos no son muy buenas, pero ésto es un pequeño reportaje, que, seguro, os abre la curiosidad, y os anima a visitarla.

Situada cronológicamente entre los siglos III y IV de nuestra era, las excavaciones actuales de La Tejada muestran una gran variedad de magníficos mosaicos, con algunos temas figurados, rodeados de bonitas cenefas.

Y un complejo sistema de
hipocaustum, en donde se observa, a la perfección, el sistema de caldeado de la villa. Claro precedente de la gloria castellana, y, porqué no, del suelo radiante...

También te puedes maravillar con decoraciones geométricas...

De intensos colores, que podrían llegar a confundirse con una buena alfombra de nudo español.

El paseo por la parte expuesta al público se lleva a cabo por encima de una pasarela y la visita es guiada.
Nos contaron que la villa había sido saqueada trás su abandono y sus mosaicos levantados, para aprovechar los ladrillos del
hipocaustum en nuevas construcciones... Por eso faltan suelos completos, pero dejan ver el sistema.
En otros casos, la figura central del mosaico, el emblema, ha sido robada y seguro que adorna en la actualidad la casa de algún
amante de la belleza y las antiguedades.

A la salida, los otoñales cielos palentinos nos hicieron comprender el porqué de la elección de este lugar para la construcción de una villa.

Seguro que el
pater familiae quedó enamorado de ellos y decidió instalarse aquí, junto con su gran familia, lejos de la
civis, y dedicarse a la
agricultura.

Para asegurarse la visita conviene contactar con M.ª Victoria Torres Peña en el 610 26 08 32, ya que la villa permanece cerrada algunas épocas del año.
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