S?bado, 28 de febrero de 2009


El domingo pasado me levanté pronto.

Vi amanecer sobre La Pedriza y cómo la casa de mis cuñados, Begon y Pecha se anaranjaba intensamente.



A eso de las diez de la mañana ya estábamos en La Autopista, uno de los senderos que asciende hasta la parte alta del Parque.



Subimos en sombra la mayor parte del camino, por la zona de umbría.



En las partes más altas las ramas secas aún tenían el velo del hielo sobre ellas.



Ya en el Collado de la Dehesilla, con nieve aún en sus bordes, el sol se fué poniendo de nuestra parte.



La Bola del Mundo sigue estando cubierta.



Y por el otro lado las vistas llegan hasta el infinito.




El Collado separa ambas partes de La Pedriza. Y es un buen sitio para poder observar los buitres que pueblan este macizo granítico.



Sobre esta singular formación están algunos de los nidos.



A media bajada, en el Tolmo, nos encontramos con un antiguo compañero de colegio de los Cha. Y Begon con unos amigos de la Escuela de Ingenieros... ¿Será este el metting point de La Pedriza?



La Cuerda de los Pinganillos se recorta, así, sobre el intenso azul de la fría mañana serrana.



Por la zona baja, el sendero transcurre entre el pinar, y el sol se cuela dibujando curiosos juegos de luces sobre los troncos.



En las paredes más verticales se pueden ver osados escaladores.



El río Manzanares baja joven, alegre, ruidoso.



Jucha aprovecha para sumergir su tobillo dolorido en sus heladas aguas.



Desde el aparcamiento de Canto Cochino observamos La Tortuga.



¿Veis cómo asoma la cabecita, curiosa?

Y Pecha practica un antiguo arte milenario de relajación.



¿Ó está estirando?



Desde la parte anterior, el Yelmo, la roca más característica de La Pedriza, nos despide.

Tags: Vericuetos, madrid

Publicado por talipo @ 14:48  | Vericuetos
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