Domingo, 08 de marzo de 2009

Salimos de Ucero, en dirección a San Leonardo de Yagüe. En pocos kms está la Casa del Parque, ahora en obras y cerrada.

Aparcamos enfrente y, cómo no tenemos muy clara la ruta a seguir, hacemos caso al panel, que parece bastante ilustrativo.  Y nos aventuramos...

      


El estrecho sendero comienza pindio, rocoso, un poco incómodo de andar, pero bonito de hacer, con la vegetación acariciando el paso y el viento fresco nuestras mejillas.

Entre sabinas de ramas tortuosas, espliego y tomillo, la senda se va haciendo más desahogada y con una pendiente más suave.



Estupendamente indicada con listones, sabes, en todo momento por donde vas, sin miedo a perderte.




Desde la zona más alta las vistas llegan muy lejos, pudiendo contemplar el frondoso sabinar que nos rodea.

Poco a poco nos vamos adentrando en un zona más boscosa. Allí nos encontramos con este extraño resto y mi aletargado instinto arqueológico parece despertarse.




¿Será un pozo? El lugar es poco propicio, pero... No encuentro datos por la red. Tendré que investigar en otras fuentes. [Un invitado del blog me indica lo que es. En los comentarios tenéis la respuesta]





El pino negral, o pino pudio, como lo llaman por aquí, empieza a convivir con las sabinas, para hacerse fuerte y, en el otro lado de la ladera, proclamarse vencedor.





Desde el Mirador de las Gullurias admiramos, ya, el fondo del Cañón de río Lobos. Con el Cuartal, enfrente.





La bajada, entre pinacha, me recuerda mis juegos, de niña, por los pinares de San Rafael, en Segovia. Con ese olor..., a resina.

En el fondo del cañón, caminamos por el sendero paralelo al río,


 


y nos damos de bruces con la Ermita de San Bartolome, o San Bartolo...




Allí, al fondo de una cuidada campa, silenciosa y arropada por las rocas.





A su vera, dos hermosos troncos de sabina olmo, hacen guardia, desde in illo tempore.





Entre las rocas se abre la Cueva Grande.


      


Enorme oquedad, de poco fondo, en donde se han encontrado restos de grabados rupestres. Es ésta, entonces, una zona poblada desde la prehistoria, pese a su dificil acceso.


     


La gran boca enmarca el paisaje exterior, realzándolo.

Y Jucha se adentra y nos da la escala...



La ermita de San Bartolo fué construida a principios del siglo XIII.

Algunas hipótesis la unen a un antiguo cenobio, bajo la advocación de San Juan, de origen templario.





Sólo San Bartolo quedaría en pie.




Con la puerta cerrada, a cal y canto, el ojo de la cerradura me deja vislumbrar una pequeña pila de agua bendita, adosada a la pared.




En el exterior, un buen número de canecillos, nos ofrecen un hermoso conjunto de decoraciones muy sencillas, que contrastan con la magnifica construcción del templo.

Soles, cruces, pequeños hombrecillos muy esquemáticos...




Símbolos telúricos que unidos a ciertas y chocantes coincidencias, cómo que está a la misma distancia del Cabo Creus, que de Finisterre; ó que, junto a otras ermitas de la zona forma, una perfecta cruz templaria, hacen de San Bartolo, y su entorno un lugar mágico, fascinante.


     


La ermita se recorta, contra la roca, practicamente mimetizada, camaleónica.




Nos despedimos de ella, por un camino diferente al que tomamos para llegar.

Una pista de tierra amplia, apisonada, más concurrida, que va pareja al Lobos.





Al otro lado, los inmensos farallones calizos se iluminan, de vez en cuando, con los rayos del sol, que no quiere acabar de irse.





La erosión milenaria del agua, y la composición frágil del terreno da lugar a la formación de caprichosas hechuras.

Algunas imitan bellas bóvedas, lérmas, que parecen trabajadas por la mano humana.


 


La pista da paso a una carretera asfaltada que llega a un aparcamiento. Desde allí nos indican cómo volver hasta la Casa del Parque.

Seguimos por el carreterín y desembocamos en un puente, en donde confluyen el Lobos y el Ucero.





Dos kms y medio de carretera, esta vez provincial, hacen del último tramo, más inseguro, aunque son pocos los coches con los que nos cruzamos.

El sol hace rato que ha dejado de verse y la silueta del castilo de Ucero, a la salida de una curva, nos anuncia la llegada a nuestro punto de arranque.





De vuelta a Valladolid, Castilla nos regala unos cielos magníficos.







Tags: Vericuetos, soria, castilla y león

Publicado por talipo @ 22:14  | Vericuetos
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Comentarios
Publicado por Invitado
Domingo, 25 de septiembre de 2011 | 13:27

Hola, esta bien el reportaje. Solo aclarar dos cosillas, esa pequeña construccion enmedio del monte es una calera (un horno donde se cocian pedras calizas para obtener cal) y los viejos troncos que hay junto a la ermita de san Bartolo no son sabinas, son olmos que murieron hace años por la grafiosis. Saludos.

Publicado por talipo
Lunes, 26 de septiembre de 2011 | 0:25

Hola [email protected], muchas gracias por ambas aclaraciones. Me pongo con las correcciones ahora mismo.

Saludos!!!