El sábado por la noche, despues de una larga caminata por el Cañón del Río Lobos nos dejamos llevar hacia el interior de Auditorio Miguel Delibes de Valladolid.
Para cambiar el chip en unos minutos y sentarnos, tranquilamente a escuchar al, quizás, único poeta no efímero, que nos ha dejado el pop español de los ochenta.
Azul, líneas en el mar,
qué profundo y sin domar
acaricia una verdad.
Eh, tú. No lo pienses más,
ó te largas de una vez
ó no vuelves nunca hacía atrás...
Me sobró, en ciertos momentos, la cómoda butaca de cuero. Y a Antonio Vega le faltó alguna prueba de sonido inicial.
Pero todo quedo compensado con la fuerza de las cuerdas de las guitarras que había esta noche sobre el escenario, con los juegos de sus letras, que hablan de amor y geometría, de lo real y lo onírico, del sufrimiento y la vida...
Cabizbajo, más delgado aún, si cabe, seseante. El sigue ahí, y sus canciones.
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