Hoy
mi señora madre cumple 68, estupendamente llevados, años. La he felicitado por telefono, ya que ella vive en
los madriles y yo aquí.

Y aunque el sábado comemos con toda la familia, para celebrarlo, y le daremos un regalo conjunto muy rico, éste es mi homenaje particular a la persona que me trajo al mundo.
De pequeños, en casa, no nos gustaban las verduras. Ó al menos eso es lo que le hizo creer a Chuny, durante años, la señora que nos cuidaba.
Mi madre se veía obligada a encubrirlas, disimularlas, mimetizarlas, para que las comieramos y uno de los platos que más preparaba era una riquísima crema de espinacas.
Nos la ponía en unas cazuelitas de acero inoxidable, muy planas, con unas pequeñas
orejas laterales, que quemaban endiabladamente, recién salidas del horno, en donde gratinaba el queso que le ponía por encima.

Hace un par de días hice la crema a su manera, pero ultimamente nos ha dado por comer un plato único, y pensé que no le iría nada mal a las salchichas que tenía de segundo.
Lo hago así:
Cuezo durante cinco minutos
300g de espinacas congeladas, con
una pizca de sal, en
un cazo con agua. Escurro , guardando el agua, y dejo en el colador.
Pongo
una cucharadas de aceite de oliva virgen extra en otro cazo, cuando humea añado
una cucharada de harina de garbanzo, bien molida y remuevo hasta que se haga una masa uniforme.
Voy añadiendo un vaso de agua de
leche de soja fría, poco a poco, y agua de cocer las espinacas hasta que queda una
bechamel ligera. Añado
una pizca de nuez moscada.*
Mientras, pongo
8 salchichas frescas en la papillotera, les añado
1/2 vaso de vino blanco, y las pongo en el microndas durante 5 minutos, pinchadas.
Cuando saco las salchichas las coloco en una fuente para horno.
Mezclo las espinacas con la bechamel, añado
sal y pimienta y vierto por encima de las salchichas. Coloco
unas cuñas de queso curado de oveja, finas, sobre la crema.
Introduzco en la zona media del horno, precalentado a 200º C durante 10 minutos. Subo a la parte alta y gratino hasta que el queso empieze a dorarse. Es cuestión de un par de minutos.
Pues la mezcla es de lo más resultona...
Y ahora el final de la historia:
Un día, en casa de la tía abuela Conco, nos pusieron
judías verdes, para comer. Mi madre puso cara de espanto repentino... y
alucinó cuando nos vió, a los tres hermanos, dejar los platos
requetelimpios. Cuando llegámos a casa se descubrió el pastel... de verduras. A quien no le
molaban las verduras era a Ojodebuitre, nuestra
tata. A partir de ese momento, en casa, nos hemos comido
piedrasquenosechen. ¿Verdad, Chuny? Y es que mi madre le da un punto genial a sus cacerolas. ¡¡¡Muchas felicidades!!!
*Chuny, mi madre, hace la bechamel al estilo tradicional, con harina de trigo y leche de vaca, pero para el método Montignac la
bechamel apta es ésta.
Recordar que sigo cocinando para dos,
dois, two, due, deux, zwei, 2...
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