Jueves, 02 de abril de 2009

El domingo me c de la cama muy pronto.

detalle del cabecero

Como Jucha dormía a pierna suelta, me duché silenciosamente y bajé a dar el esperado paseo por Teruel, que el día anterior había sido imposible, por la lluvia.



Saliendo del hotel, a mano derecha, llego al Paseo del Óvalo, y justo enfrente arranca La Escalinata, construida a principios del XX, para dar acceso a la nueva estación de ferrocarril.
El proyecto es de José Torán de la Rad. (Teruel 1888-932). Torán bebe de las fuentes locales para su construcción y se deja llevar por el mudejar que se impone en la ciudad.

El casco viejo de Teruel se asienta en un cerro, y necesita de escaleras para acceder al valle del Turia, que lo rodea, y viaductos, para cruzar a los cerros cercanos, en donde se ha ido instalando la nueva ciudad.



Desde los jardines veo el edificio de la sede de Gobernación, antiguo convento de los Carmelitas Descalzos, enorme y poderoso. Este edificio es parte de una reforma que se llevó a cabo en el 2003 y que modernizó la zona, dotándola con dos ascensores, que bajan hasta el valle, y un gran aparcamiento. También se remodeló el paseo del Óvalo, transformándolo en un espacio amplio y cómodo, de fácil acceso y bonito tránsito.

Este proyecto recibio el Premio Europeo de Espacio Público Urbano en su tercera edición. Entre otros...

En el rellano superior de la Escalinata, en donde se bifurca, aparece un bajorrelieve que nos lleva a la escena final de la historia de Juan Diego é Isabel, obra del escultor Aniceto Marinas.



Otra vez arriba me dirijo a la Torre del Salvador. Encajonada en una estrecha calle se levanta imponente.



Cómo su hermana mayor, la Torre de San Martín, también de mediados del siglo XIV.

    

Cuenta la leyenda que dos arquitectos mudéjares compitieron por el amor de una mujer con la construcción de estas dos torres-campanario.

La torre de San Martín quedo ligeramente inclinada y el arquitecto, con el corazón roto y su estima por los suelos, se tiró desde ella.

Un par de siglos despues, el francés Pierres Vedel fué el encargado de levantar el contrafuerte de sillería que se pude ver en la imagen, por si acaso...

Ambas torres están inspiradas en la Torre de la Catedral de Santa María Mediavilla, adosada a la iglesia primigenia durante el siglo XIII.

    

Usan los mismos motivos decorativos de curiosos tubos cerámicos, vidriados en verde, y platillos incrustados, alternándolos con azulejos verdiblancos y ladrillos resaltados.

En el XVI se le añade un remate renacentista, que estiliza la torre. Y a principios del XX una puerta neo-mudejar de Monguió. 



Dentro de la catedral nos damos de bruces con un espléndido artesonado mudejar, de variadísima decoración, sobre todo vegetal, a la que la foto no hace ninguna justicia, dicho sea de paso...



Callejeando llego a la Antigua Casa de la Comunidad, un bellísimo ejemplo de arquitectura civil renacentista, que ahora aloja el Museo Provincial. Tengo que volver y curiosear sus fondos...



En los escaparates de las tiendas cercanas puedo ver la cerámica típica de Teruel en verde y blanco. ¿Os suenan los colores?

Ya llegando al hotel, para recoger a mi bello durmiente y desayunar, me paro a contemplar, más detenidamente la Casa Ferrán, otra preciosa obra del arquitecto modernista Pablo Monguió.



La fachada, tan irregular, es de gran originalidad, a la vez que resulta muy armoniosa.



Y las rejas que adornan-protejen el comercio instalado en la planta de abajo me parecen maravillosas. ¿Se nota que me chifla el Modernismo?

Justo al lado del hotel está la Iglesia del Salvador. Sí, la de la torre del principio....Tiene dos puertas laterales y cada una da a una calle.




Construida a finales del XVII, tras el hundimiento de la Iglesia anterior, está profusamente decorada, en yeso de dos colores.

    

Además tiene una preciosa reja de madera, que cuida del coro.

Tras desayunar, Jucha y yo dejamos el hotel y pasamos a buscar a Maco, Pipa y Pipo, que quieren comprar unos dulces del lugar. Se nos une Minirro. Yo con la tía Maco...- dice.



La repostería turolense es muy rica, con rememoranzas árabes, de finos hojaldres, miel y frutos secos.

Nos llevamos unos Suspiros de Amantes, típicos y sabrosísimos, que combinan el queso con una tartaleta dulce.

También hay gran tradición en la elaboración de chocolates...



Les apetece pasear y me ofrezco como guía. Lo tengo muy fresco.

Nos paseamos por los mismos lugares que he visitado de mañana, pero no importa, la compañía es genial y me hace ver cosas en las que no me había fijado antes.



No todo es monumental. También abundan los baretos, de divertidas fachadas cómo la del Gran Café de Teruel, decorada con carteles publicitarios de productos variados.

O la Fonda del Tozal, con un interior enorme, de aspecto muy rústico... Cutre, incluso, de los que a mí me gustan.




Acabado nuestro paseo decidimos volver por otro lado a casa de Rochi y Osno.

Bajamos por una rampa que sale del hotel Reina Cristina y desembocamos en una zona más deteriorada, en la que vemos curiosos restos de casas-cueva.




Alcanzamos nuestro objetivo por debajo de Los Arcos, un acueducto-viaducto que también levantó el ingeniero Vedel, durante el XVI, cuando la traida de aguas llegó a la ciudad.



A su vera se levanta el Torreón de la Bombardera, uno de los cinco que perduran de la muralla que rodeaba Teruel.




Recogemos a nuestros anfitriones y sus niñ@s, y partimos hacia la Sierra de Albarracín, en donde nos han contado que, esta noche, ha nevado...


Tags: Vericuetos, teruel, aragón

Publicado por talipo @ 18:45  | Vericuetos
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