Viernes, 03 de abril de 2009
Despues de comer, nos dimos un buen paseo por Albarracín.



Asentada sobre el istmo que forma el río Guadalaviar, el poblamiento de esta zona se remonta a la prehistoria. Cerca se encuentran los abrigos rupestres del Rodeno.



Es precioso el contraste entre los prunos en flor y la nieve caida la pasada noche.

Pero Albarracín encierra, además, entre sus muros una belleza que viene de la mano del hombre, con estrechas calles que se van adaptando a la escarpada orografía.

       

Los avatares de la Historia han hecho que pase de manos romanas a visigodas, de moriscas, a cristianas, del Reino de Valencia al de Aragón...

       

Y estas poblaciones han ido apiñándose, temerosas, en torno a un viejo castillo. Resguardandose dentro de amurallamientos sucesivos.

      

Dotando de nobleza algunas de sus fachadas con escudos.



Apilando muros contra otros..., pretendiendo, así, no sucumbir ante posibles invasiones.

       

Tenía, de mi niñez, un recuerdo borroso de mi primera visita a este pueblo, allá por 1977.
Y es la de este cruce de calles, que asemeja un espejo y su reflejo.

           

Los muros de yeso rojizo se recortan sobre el fondo nevado. Las calles se empinan.



Algún paisano trata de sacar adelante sus macetas, bajo el intenso frío.



Subimos hasta las murallas, qué Jaime II y Pedro IV tuvieron a bien reforzar, durante sus reinados, en el siglo XIV.

     

La vista desde arriba es perfecta, con los tejados blancos y los Montes Universales nevados.










Tags: Vericuetos, teruel, aragón

Publicado por talipo @ 13:33  | Vericuetos
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Comentarios
Publicado por Asun
Viernes, 03 de abril de 2009 | 14:31
Gui?oQue bonito que es Albarrac?n........ y cuantas vueltas dais !!!!!!!!!!
Besos