Cuando mi primo Nestor terminó su carrera de Ingeniero Agrónomo decidió poner en práctica todos los conocimientos adquiridos in situ, y, ni corto ni perezoso, se trasladó a vivir a un pequeño pueblo de la provincia de Palencia. Hay que ser muy valiente para hacer lo que hizo, pero las cosas parece que van saliendo bien, como recompensa a sus constantes sufrimientos.
Mi bisabuelo Jupi decía que la mirada del agricultor siempre va hacia arriba, para ver si llueve, o graniza, o sale el sol... Siempre dependiendo del tiempo.
Nestor cultiva grandes campos de cereal o girasoles, pero en sus ratos libres se dedica a cuidar una huerta, en la parte de atrás de su casa. El sabe que a mí me gusta el tema, y como el viernes comimos en Támara, con ellos, después me enseñó su pequeño tesoro.
Acaba de plantar lechuguitas.
Y lombardas.
Las flores de calabacín, tan cotizadas...
se convierten, aquí, en hermosos frutos.
También tiene pepinos, sabrosísimos.
Y bonitos pimientos.
Judías verdes, o vainas, o troncheras, como las llaman por el Norte.
Gigantescos repollos.
Frondosas matas de tomates.
Así de ordenada y limpia luce su huerta, con su riego por goteo.
Dice que no le da mucho trabajo, pero que es una labor diaria, constante. De mimo, pienso yo.
La tía Pazme nos llenó la cesta del peregrino con productos caseros. Los pepinos ya los hemos probado...Umhhh.
Y ahí les dejamos, a la sombrita, disfrutando de las monerías de Pipa, que pasa unos días con ellos.
Preciosa la huerta, cuántas cositas ricas, con todo el sabor de lo cultivado en casa.
¿Cuántos de los que dejamos la ciudad por el campo hemos recalado en Palencia? Es curioso, con lo despoblada que está esta provincia, los nacidos en los pueblos se van
Publicado por Marhya
martes, 28 de julio de 2009 | 0:50
sigo que me limitaba los caracteres... y los nacidos en ciudad volvemos al campo. Posiblemente le dirían como a nosotros que estaba loco, y posiblemente haya dado gracias a diario por su bendita locura.
Besitos.
Pues sí, marhya, una maravillosa locura, y al él se le ve feliz, en su salsa... A mí me encanta la provincia de Palencia, con su románico, sus contrastes paisajísticos, su rica cocina.