En la cesta del peregrino, que nos dió la tía Pazme, había varios pepinos, entre otras cosas.
Busqué en la red alguna crema para tomar fresquita y dí con ésta. Luego la adapté, como siempre, a lo que tengo en la despensa y a mi método de alimentación.
Pelo a franjas dos pepinos medianos y reservo la mitad de uno de ellos.
Corto en trozos y mezclo con 50 g de cebolla, 2 cucharaditas de mostaza de Dijon, un chorrito de zumo de limón, una cucharadita de perejil, sal y pimienta variada.
Trituro y añado 1/2 litro de leche de soja.
Guardo en la nevera durante una hora mínimo.
Al servirlo añado una cucharada del pepino restante, pelado totalmente, y cortado en cuadraditos.
Es un plato muy ligero, pero de sabor rotundo. En casa nos ha encantado.