¡¡¡Sor Harturas!!!- grité ayer por la mañana- Ya estaba preocupada... ¿Se puede saber dónde se había metido?
Desde la vuelta de vacaciones, sólo un día me había dado la impresión de que pasaba, junto a mí, como una exhalación.
Hola maja- me ha contestado- ¿Ya has vuelto?
- Sor, llevo aquí casi un mes...
- ¿Tantooó?- me contesta acentuándo la última o. Eso es mucho de Valladolid. - Sí, Sor. ¿Dónde ha estado?
- Pues, hija, a mis cositas...
Desembuche- me indigno- que algo ha tenido que ver en el asunto del agujero de la cancha de basket...
Pues sí,- contesta rotunda, por primera vez en todo este tiempo- me fuí unos días a casa del encargado del ayuntamiento de todas estas cuestiones...
Ayy...- tiemblo- ¿y qué hizo?
-Pues dejé las puertas de todos los armarios abiertas a la vez, y tiene una casa enorme ¿eh?, con un montón de armarios. No te puedes ni imaginar la de cosas que había dentro. Con tres hijas jovencillas. Una de ropa...
¡¡¡Sor- grito- al grano...!!!
Vale, vale...- contesta- la madre me sintió enseguida.
-¿La madre de las niñas?
- Nooo, la madre de él. La abuelita de las niñas...
¿Y habló con ella?- pregunto.
- Sí, le conté todo... Que en mi época del convento había enterrado en la huerta "el libro", dentro de una caja. Y que ahora Sor Locuras, como tú la llamas, estaba intentando recuperarlo. Y que todas las noches excavaba un poquito, justo donde yo plantaba las tomateras grandes... y que por eso había un agujero en la cancha y que había que taparlo.
Estoy alucinada. Llevo meses intentando que mi monja me cuente qué rayos hace por aquí, y va ella, y a la primera desconocida se lo suelta todo de sopetón...