
Me gustan fotografiar las ventanas de las casas. A veces, a través de ellas, se atisba un poco de su interior. Aunque luzcan visillos, estores o cortinas, ellos saben hablar.

La cultura costera herreña se vislumbra hasta en estos peldaños.

Fuertes cromatismos, de agua y hierba.

Y de sol.

Construcciones quejumbrosas.

Y casas pimpantes.

Detalles espirituales.

Y cotidianos.

Ventanas falsas.

Y de guillotina. Ninguno de los dos nombres me gustan, pero las tres son bonitas...

Picos, picos, picos.

Conmovedoras inscripciones.

Y más picos imposibles.

La herramienta de trabajo en la puerta de casa.

Y el minino.

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