Mi?rcoles, 04 de noviembre de 2009
Concebido como lugar de esparcimiento y acampada. En medio de un inmenso pinar se abre un claro con mesas ad hoc.



Pero nosotros no queremos sentarnos, queremos investigar...



Jucha se plantea una pindia cuesta y me arrastra a mi detrás. El terreno, lleno de pinacha, resbala que da gusto.



Y es casi imposible subir sin sujetarse a los árboles, y acabo con las manos llenas de hollín.
Verano tras verano, los pinares del Hierro sufren incendios devastadores.
Y primavera tras primavera el Pinus canariensis vuelve a rebrotar, duro, como el terreno, empeñado en vivir en condiciones adversas, como los isleños.



Desde arriba se observa el Mar de Calmas, a lo lejos.



Y hacia el otro lado, como se densifica el bosque..., cuando le dejan.



Para bajar es más sencillo el camino, que sale hacia donde dejamos el coche.





Tags: Vericuetos, el hierro, islas canarias

Publicado por talipo @ 5:26  | Vericuetos
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