Uno de los pocos senderos circulares que hay en la Isla Chiquita es éste que hoy nos proponemos.
Está denominado como el PR-9, y parece bien indicado.
Lo atacamos desde la última parte del P-10, que nos llevará andando hasta la piedra del Regidor. Y que sale a pié de carretera.
Si la primera parte nos lleva entre arbolado, y chispeando, luego el paisaje se despeja, que no el cielo.
Vuelven los pinos a la zona de la Dehesa. Como antesala de uno de los paisajes más extraños que he visto nunca.
Enomes sabinas, de ductil madera, han sabido jugar con el furioso viento de la zona. Adaptándose a él, nombrándose sus compañeras de territorio favoritas.
La persistente lluvia horizontal, propia de las cumbres herreñas, continua acechando en las cotas más altas de nuestro recorrido. Pero el cielo se aclara según nos acercamos a la costa.
Las sabinas adquieren formas caprichosas, moldeadas por Eolo. Decenas y decenas de ellas pueblan las lomas que se asoman al Oeste.
Cuando llegamos a un curioso descansadero, protegido por esta cancela, tomamos un senderillo, que sale a mano derecha, hacia en Mirador de Bascos.
Los brezos llenan los bordes del pedregoso camino.
Y, despues de media hora escasa, llegamos a la esperada terraza, que se asoma al Golfo, imponente.
El mar de un azul intenso se rebela transparente desde los 850 metros de altura en los que estamos.
Abajo, el balneario de la Fuente de la Salud, y los pueblos de Frontera, a lo lejos.
Yo también voy. Hete aquí la prueba irrefutable...
Volvemos, de nuevo, entre pinares, por una pista, que nos lleva hasta un cruce de caminos sospechoso.
No nos queda claro si el otro camino, por el que no hemos venido, nos llevará hasta el coche.
Decidimos desandar la ida y pasamos por antiguas explotaciones agrarias, que un viejo proyecto intentó instalar, para dar empuje económico a esta zona.
Un vetusto abrevadero de piedra espera al ganado.
Llegamos a la Piedra del Regidor y allí comprobamos que el otro camino hubiera sido correcto, lástima no habernos fijado a la ida.
En este lugar, cada cuatro años se hace entrega de la Virgen de los Reyes, por parte de las autoridades, al pueblo, para que inicie su larga Bajada hasta Valverde, la capital.
Unos metros más abajo se encuentra la ermita en donde habita la talla de la patrona de la isla. Allí echamos un rezo, mientras nos sentamos, para recuperar el fuelle.
Jucha tira carretera arriba para recuperar el coche, y yo bajo dando un paseo solitario, donde sólo oigo la naturaleza. Cuando Jucha me alcanza nos dirigimos al faro de Orchilla, el más occidental de España.
En donde estuvo el Meridiano Cero durante siglos, hasta que los ingleses decidieran trasladarlo a Greenwich, se instaló este faro, que se iluminó, por primera vez en 1933.
Sólo la piedra empleada, traida de la Cantera de Arucas, en Gran Canarias, y lo costoso de su realización, en tan inhóspito paraje, nos hablan de la importancia que se le dió en su momento.
Ahora reposa tranquilo, ciego, esperando un uso, que quizás no llegue ningún día.
es increible todo el paisaje de la isla ,para nada me imaginaba que fuera asi, cada entrada que pones me alucina ,sigue contando....que sigamos disfrutando