Como el Sábado nos quedamos con ganas de andar, y el día pinta excelente, sacamos una excursión de un cajón. 
Me explico: Suelo apuntar rutas para hacer por Cantabria y las guardo en Noja, para cuando surge la ocasión.
Hoy subimos a los Altos de Llanalapuerta, en el municipio de Liérganes. Tenía ganas de verde, todo verde.
Es primero de Noviembre pero parece primavera, la temperatura es muy agradable y los praos están jugosos, como si el verano, aún, no hubiera pasado por ellos. Graciosos silos, como éste, con aspecto de casa de muñecas; y cabañas, acompañan nuestra ascensión.
Vamos cogiendo altura y el paisaje empieza a distorsionarse. Las tetas de Liérganes se encuadran, aquí, en una cresta. (Son los dos piquitos de la izquierda...)
Eucaliptos mecidos por el viento dan paso a grandes praderas.
El viento Sur empieza a ponerse molesto y entorpece nuestro paseo.
Demasiado calor para esta época. Es tan raro...
Llegamos a los Altos y vemos la meseta que conforman. 
El ganado pasta por allí a sus anchas. Pronto llegará el momento de bajarlo.
Al iniciar la bajada, de vuelta, probamos a atajar por un sendero.
Intentona fallida. El camino sólo lleva a un abrevadero.
Pero el paisaje sigue siendo esplendido.
Antiguas cabañas reconvertidas en granjas.
Y unas impresionantes vistas, que abarcan desde Liérganes hasta el mar.
Las vacas de carne se arremolinan en los praos de abajo. Con sus terneros.
Y llegamos hasta el Palacio de la Rañada, desde donde salimos hace un par de horas.
Una joyita del barroco civil del siglo XVIII.
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