
La mañana del domingo amanece más fresca.
Despues de misa de 11.30 recogemos algo en casa,
Jucha se enfunda su ropa de deporte, y se hace un Faro del Caballo.
Yo me voy con los Carmar a Solórzano.

Nos paseamos, haciendo tiempo hasta la comida.
Cruzamos el río Campiezo, observamos a las ovejas y sus perros pastores.
¿O son ellos los que nos fichan a nosotros?

Va llegando la hora.
Hemos quedado con Jucha en Arredondo, el restaurante de Hazas de Cesto.
Allí damos buena cuenta de sus afamadas legumbres.
No te puedes ir de la tierruca sin comerte un buen plato...o dos.

Cerca se levanta este casopón, sobrio y elegante, muy montañés.

Con su casita de juegos en la parte de atrás del jardín,
el sueño de mi vida, hace unos años,
y el de cualquier niña, imagino...

El camelio está frondoso, lozano.

Y el magnolio chino apunta maneras. Sus flores, enormes, van brotando.

De vuelta a Noja nos espera un último paseo por Ris,
con mi primo Jagar, su mujer, su niña y unos amigos.

Y nos despedimos hasta Semana Santa, que está, como quien dice, a la vuelta de la esquina.
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