Cuando nació era muy larga y con una buena mata de pelusa oscura en la cabeza. Tenía los ojos achinados y la boquita regordeta.
Era lo más bonito que yo había visto hasta entonces. La primera hija de mi hermano.
Su bautizo fué en julio, un día calurosísimo en el que la niña acabó medio en bolingas, y el resto debajo de la sombra de los avellanos.
Esas Navidades fueron especiales. Por fín había bebés en casa.
El verano siguiente ya llegó a Noja con conato de coletas, y dispuesta a comerse el mundo.
Tenía algo más de un año y ya decía muchas cosas.
Palabras sueltas, pero que hacían nuestras delicias.
La niña ha dicho "PIO", qué pasada...
Y el siguiente se embarcó con el tío Jucha en El macho de Ris y vió muchos pulcos en alta mar. Qué miedo paso su madre, desde la orilla...
También posó con su mimosa, nunca un árbol estuvo tan bién elegido.
Y siguió posando... Esta vez para la puerta del cuarto de baño de las chicas, en la boda de Conar y Alco.
El verano del 2009 ya lucía, así de guapa, junto a su árbol. ¡¡¡Lo que han crecido los dos!!!
Hace unos días tocaba las maracas, sentada en un murete. Sigue teniendo los ojos un poco achinados, un poco verdes, la boca regordeta y en el último año se vuelto a poner muy larga... Y hoy cumple siete años.
El siete y sus múltiplos señalan fechas importante. Fechas que marcan más los cambios en la vida de las personas que las decenas. Por eso traigo hoy aquí a miniwait, y no lo hice el año pasado por estas fechas. Siete, catorce, veintiuno, veintiocho, treinta y cinco, cuarenta y dos... A mí me cuadra... ¿A vosotros?