Con el estómago lleno y la ropa menos húmeda atacamos el regreso.
Cambio la visera por un bob impermeable. No estoy dispuesta a perderme ni un fragmento de paisaje más.

Desde Caín el desfiladero engulle al Carés.

La temperatura ha bajado y la lluvia arrecia.

Los túneles están encharcados y hay que vadearlos en la oscuridad.

Agradecemos el salir, de nuevo, a pleno cielo. El que la lluvia empape nuestras mejillas suavemente, pero sin remilgos.

La primavera, pese a todo, inunda los arcenes del camino. Los verdes se multiplican.

Y alguna cabra, orgullosa, se deja ver, dominado el terreno, su terreno.

Carteles indicativos nos recuerdan qué celebramos hoy. ¡¡¡Los 43 de Jucha!!!

Según nos acercamos a Poncebos la niebla va bajando. Voy ligera, de vez en cuando un pequeño calambre se desliza por mi muslo derecho, pero no me importa. Mi corazón va a tope, pero no por el esfuerzo.

En algunos tramos dejamos de vislumbrar el camino, pero cada vez queda menos...

Y llegamos al asfalto con comodidad.

Con la satisfacción de haber completado los 24 kms de ruta.
Habiendo disfrutado de unos parajes maravillosos, a la vuelta de la esquina, cómo quien dice.
Son las ocho de la tarde, cambiamos nuestras ropas mojadas por secas, ponemos la calefacción de meganito a tope y ponemos rumbo a Noja.
Un día perfecto para Jucha... Un día perfecto para mí.
Tags: Vericuetos, asturias