
Con un finde en Noja como Dios manda, levantándonos a partir de las 10, o más tarde...

Disfrutando de unas horitas en la playa. (Se vuelven a llevar los trajes de baño retro, qué pasa?)

Y dándonos un homenaje en el jardín de la CV a base de quesos, un nata frances, Saint Paulin, bastante decente, un Idiazabal c*j*n*d*, gracias Uri, guapa, y un Tresviso absolutamente apestoso. Cecina y jamón del güeno, de la cesta de Navidad de mi madre a Jucha, ya era hora... Una ensalada muy completita y unos estupendos chuletones de novilla con los que nos obsequió Ingolo, de El Arenal, la carnicería de confianza de mi madre, en Noja.

Y al mando de los fogones: Mi primo Carco. Qué troceó los chuletones, para que todos comieramos calentito, todo el rato. ¡¡¡Excelente idea!!!

Regamos con Hacienda López de Haro, un crianza de La Rioja que está bastante rico, sí señor...
En los postre tarta al Whiskie de Regma y la GAC de mi padre.

El velomotor que se compró con sus ahorros, cuando cumplió los 18 años. El Libélulo igual nos la devuelve a su estado original...
Sería genial...

Y una siesta al sol, cómo debe ser en estas fechas.

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