Las señales nos llevan, cómo en volandas, hacia el aparcamiento de la Plaza de la Reina. Salimos a la superficie y nos perdemos por los clásicos hitos comerciales de una ciudad que ha crecido, y es muy rica, gracias a los negocios.

La primera parada la hacemos en la Plaza Redonda, con sus tiendas-puesto abiertas al exterior.
Tenía ocho años cuando fuí a Valencia por primera vez, y única, hasta hoy. De ese viaje sólo recuerdo el hotel en donde nos alojamos en la playa y el edificio de la Lonja de la Seda.
Aunque apenas vamos a estar unas horas allí, y la mayor parte de ellas en la boda de mi prima Chitu, no quiero que Jucha se vaya sin pisar esa maravilla de gótico civil.
Hace calor, aunque no es terrible. Pero la entrada en la Lonja de la Seda nos da un respiro.

La altísima techumbre abovedada hace que el aire sea fresco... Nuestra vista recorre las esbeltas columnas helicoidales. Un bosque de ellas conforman una sala especial, única, mágica.

Y las excelentes celosias que cierran los ventanales de lo que fué el mercado más importante de la época.
Levantado en el siglo XV, para todos los mercaderes en general, durante los siglos siguientes el comercio de la seda adquirió tanta importancia que el edificio se usó, casi en exclusividad, para las transacciones de ese género, quedándose con su nombre.

Otras salas, con elementos no menos ricos, completan la espléndida construcción. Bellísimas techumbres.

Suelos de gran riqueza... Estupendas carpinterias, recios herrajes.

Y un Patio de los Naranjos que le da serenidad, frescura, silencio, en medio de la urbe.
Enfrente se encuentra el Mercado Central.

Mucho más luminoso y concurrido.

En cada puesto nos paramos a observar. Los frescos mariscos y pescados.

Las frutas y las verduras. Huerta y mar. Valencia.

En algunos puestos la cerámica es la protagonista indiscutible de la decoración. Manises, Paterna, Alzira...

Desde dentro la luz del mediterráneo nos llama.

También es esplendida esta construcción, una arquitectura de hierro y cristal de más de 8.000 m2!!!

A su alrededor se arremolina el comercio más tradicional, cómo esta graciosa droguería.

O los puestos de paellas.

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Qué preciosidad, me quedo sobre todo con ese descanso que es una foto preciosa.
Sólo he estado una vez en Valencia (viaje exprés de dos días con una mañana entera en la Feria de Muestras y toda una noche de fiesta) y me gustó mucho, es de esos lugares que tengo marcados para volver, pero parece que nunca se acorta la lista, al contrario, por cada lugar visitado siempre anoto unos cuantos más en la misma.
Besos.
Buenos días!!! Marhya, nosotros también tenemos que volver. Aunque hay más, no está todo...
Ingolo, soy yo, sí. La foto es de Jucha. pero no hay photoshop, son cristaleras al ácido. Y el blog es mío, de Jucha, tuyo, de Marhya,... en fin, de quien se digna a pasar por aquí y echarle un vistazo...
Gracias y besotes!!!