
Iglesia de los Santos Juanes
Y seguimos nuestra caminata por la calle Bolsería, hasta la Plaza del Tossal, en donde optamos por la calle Caballeros.

Me encanta esta solución para ahorrarse el telefonillo.

Sombrios zaguanes dan paso a patios hermosos.

Soberbias carpinterias adornan los portales.

Y al final el Palau de la Generalitat, un regio edificio gótico, sobrio, imponente, que otorga una pequeña sombra a la Plaza de la Virgen.
Allí contemplamos la fachada principal de la Basílica de la patrona, Nuestra Señora de los Desamparados. Dentro los ojos se me van hacia la enorme cúpula.

La obra maestra de Antonio Palomino, el pintor de cámara de Carlos II, recrea un maremagnum de personajes y arquitecturas, tan barroco, absolutamente impresionante.
Abajo, entre los bancos, se palpa la devoción por la Virgen de la ciudad.
Volvemos al exterior, a la luz de Sorolla, tan blanca.

El románico se mezcla con el modernismo.

La espiritualidad con el gentío...

En la Plaza de la Reina, de nuevo, destaca el eclecticismo de su sky line...

Y se alza, majestuosa, la pequeña fachada de la catedral. El barroco más intenso da paso a un gótico sobrio, parco, cómo un telón lleno de jaretas que se abre a un escenario casi vacío...

Y el Miguelete, la torre más alta de Valencia, el campanario de la catedral, nos contempla desde sus 51 metros de altura.

Desde arriba las vistas deben ser impresionantes. Siempre hay que dejarse algo, para volver.
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