
Compré unos enormes champiñones y en vez de laminarlos y pocharlos para acompañar a unas salchichas frescas se me ocurrió quitarles el pedúnculo, rellenarlos de queso picón, un azul cántabro, lleno de sabor ,y meterlos al horno.
Se hicieron a la vez que las salchichas. Despues sólo los espolvoreé de orégano y a la mesa.
Ricos, ricos...