Los primeros días de septiembre nos quedamos, ya, muy poquitos en Noja. Y entre los habituales están los Carmar.

Dispuestos a conocer algo más de la zona en la que veraneamos, nos dirigimos hacia uno de mis valles favoritos.
En Ribamontan al Monte.
Un carretera comarcal, muy estrechita, jalonada de eucaliptos y praos, nos lleva hasta un pequeño pueblo que conserva, aún, el encanto del pasado.

Omoño, además de un entorno precioso, luce una pequeña iglesia de bellísima portada gótica.

Su arco conopial, propio del flamígero, la situa a finales del siglo XV.

Dos angelotes regordetes portan un ánfora, con el árbol de la vida.

Dando un paseo también podemos ver la casona de Puente Liermo, de aristrocrática y montañesa fachada.

Sus escudos nos hablan de una familia de origen militar, y el grosor de sus muros...también.

Pero los alrededores muestran un presente ganadero...