
Durante las fiestas de Santoña, la villa marinera se engalana.

Saca más banderas que nunca a sus ventanas y balcones.

Se viste con el traje típico.

Y está más pintona que nunca.

La víspera a la fiesta grande, Santoña saca a su virgencita de Puerto a dar una vueltuca por sus calles y su bahía.

Este año queremos subirnos en uno de los barcos que acompañan a la Virgen por su vericueto marítimo.

Para ello tenemos que estar en el puerto al menos un par de horas antes de la procesión.
Y tenemos suerte. En el Inmaculada Concepción IV nos admiten.

Para hacer tiempo a que la virgen llegue a puerto y embarque, el capitan nos saca de la bahía, pasando por delante del Fuerte de San Carlos.

Y hasta el Faro del Caballo.
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¡¡¡Qué distinta es la visión, a la que estamos acostumbrados!!! |
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En un par de ocasiones hemos abierto y cerrado los paraguas. El día que empezó claro y cálido se ha vuelto gris y húmedo.

Volvemos a la bahía dispuestos a ver a la de Puerto salir en procesión.

Generaciones y generaciones de marineros santoñeses han venerado a su patrona durante siglos.
Y este acontecimiento despierta mucho fervor popular.

Pero el viento rula a sur...y se pone de temporal.

La mar empieza a picarse, incluso dentro de la, habitualmente, calmada bahía que baña Santoña, Treto y Laredo.

Y la lancha de salvamento marítimo sale a avisar:

La Virgen se queda en tierra. Ohhhhhhhhh!!!

Debemos volver a puerto y amarrar.

Desde la embarcación pesquera observo cómo, un año mas me he quedado sin ver a la Virgen de Puerto salir a mar...desde el mar.
En fin...otra vez será.
PD Según fuentes oficiosas, a la altura de su paso por la Plaza de San Antonio, hubo que meter a la Virgen en una mercería para cobijarla del viento y el agua que caía. Si es la mercería que supongo la meterían con calzador, ya que es chiquituca, chiquituca...