Para percatarme de que el otoño ha llegado necesito pasar un finde en casa de Beatroz (antes Bean) y El Pelirrojo.

Sin embargo, este año, la estación va retrasada. Y el ambiente es más de finales de verano que otoñal.

Sólo a ras del suelo se empiezan a notar las primeras noches frías que mustian algunas plantas.

El sábado vamos hacia el pinarillo, a ver si hay setas. Para ello atravesamos jóvenes grupos de encinas.

Y donde las coníferas...ni un mísero hongo.

Aunque las vistas compensan el paseo.

A estos cerros mi abuelo les llamaba San Mamés, qué fino él.

De vuelta nos topamos con Gato en la terraza.

Dispuesto a formar parte del aperitivo. Pero Sella lo echa de malas formas, el alma de drahthaar le puede...

Tras las estupendas alubias rojas de Beatroz se impone siesta.

Y paseo.

Jucha, Sella y yo bajamos hasta la dehesa.

Nunca dejan de impresionarme las encinas de esta zona de Navalsauz.

De troncos grandiosos y retorcidos.

En el cebadero los terneros nos miran curiosos. ¡¡¡Qué guapos son!!!

A la vuelta la chimenéa está encendida.
En esta casa siempre siento calor de hogar.
Y mañana más...