
El Martes, 2 de Noviembre, amanece soleado. Jucha se balancea en la hamaca, mientras Sella intenta convencerle de que hay que ponerse las pilas, vestirse y salir de excursión.

Nuestra primera parada es en el Paso del Aire, y así cómo la vista hacia Cazorla es espectacular, nos quedamos con la que tenemos sobre el valle del Alto Guadalquivir, tomada por la niebla baja, mientras el sol hace de las suyas...
Seguimos hacia Vadillo y el Puente de las Herrerías. En el km 8, aproximadamente, aparcamos el coche, junto a una casa forestal. E iniciamos el paseo.
La cuidada pista, apisonada por las lluvias de días anteriores, se hace muy agradable y nada polvorienta.

El río grande (wadi al-Kabir) aquí todavía es pequeño, pero risueño. Y está flanqueado de chopos dorados.

Según ganamos altura perdemos de vista los álamos y nos empiezan a acompañar las coniferas, con algunos ejemplares de enormes dimensiones.
También hemos abandonado el río....
Unos metros más adelante volvemos al valle y, tras cruzar un puente y un cruce de caminos señalizado, nos topamos, a mano izquierda, con el nacimiento oficial del Guadalquivir.

Una alegre cascada, que nutre una poza, da inicio a uno de nuestros ríos más emblemáticos.
Más adelante, se encuentra la cañada de las Fuentes, en donde se mezclan las aguas de los arroyos que alimentan esa cascada.

A los pies de la Lastra de Navahondona, continúa la pista hasta llegar a un brusco recodo.

Allí, a mano derecha, tomamos un camino que asciende tras una cadena.

De nuevo, enormes pinos laricios (Pinus nigra) nos sorprenden.

El camino se convierte en sendero mientras la vegetación lo va cerrando. En algunos tramos hay que dejarse guiar por la intuición.
Y de pronto, despues de una pequeña y pedregosa subida...

Aparece un imponente ejemplar de tejo (Taxus baccata).

Dicen que tiene más de dos mil años. Y subsiste aquí, con su retorcido tronco, junto a algunos ejemplares más. Protegido por la lejanía de la mano humana, aunque no tanto cómo a él le gustaría...
Alertados por una pareja de San Sebastián, con la que hemos compartido camino a tramos, avistamos lo que parecen ser dos ciervas en la ladera del Aguilón del Loco.

Los primeros animales salvajes que vemos en la Sierra de Cazorla.
De vuelta, en la Cañada de las Fuentes pierdo de vista a Jucha, que avanza raudo tras la presurosa Sella.

A partir de ahora deshago la ruta en solitario.

Regodeándome en detalles que me perdí antes.

Distrayéndome con las distintas especies botánicas que pueblan la zona. Cómo esta epífita, comodamente instalada sobre un pino salgareño.

O las terribles hojas de este cardo, atiborradas de pinchos.

Escucho, dentro del silencio, el trino de algún pájaro, el rumor del río. Huelo los aromas del campo. Pienso que si me apoyo en un árbol, y espero, puedo ver asomar la cabeza de cualquier cuadrupedo de grandes cuernos...
Llegando a un viejo puente aparece el Cheni, con Jucha y Sella a bordo, que me reclaman impacientes y hambrientos.

Y les propongo comer en el Parador de El Adelantado, que está bien cerquita.
A la vuelta paramos en el Mirador de las Palomas.

Que se asoma sobre el valle, con el pueblo de Arroyo Frío abajo, y nos muestra una vista completa de la Cerrada de Utrero, nuestra excursión de mañana.

De camino a casa el atardecer nos regala estos cielos.

Contra los que se recorta la ruda fortaleza de La Iruela.

¡¡Muy bien, Doña, pero que muy requetebién!!.
Me alegro infinitamente que se acercase hasta el tejo milenario, pudiéndo disfrutar durante el recorrido de los magníficos ejemplares de pinos laricios que tan magníficamente captados. ¡¡Chapeau por las "afotos". El de la fotografía donde especifica su nombre técnico (pinus nigra) ha servido como emblema en la vestimenta del personal del Jardín Botánico de la Torre del Vinagre.
Cuanto placer el poder disfrutar del cromatismo del otoño. Muchas gracias por acercárnoslo a los asiduos a su blog.
Nosotros pudimos darle un vistazo a la famosísimma violeta de Cazorla (viola cazorlensis)..., pero solamente dentro del recinto del Jardín Botánico de la Torre del Vinagre.

Proseguiremos.
Un precioso paseo, con un regalo, al final, apabullante, Zuhur...
Los colores del otoño han sido parte importante de este viaje. Han puesto la nota discordante y maravillosa entre tanto verde-pino y verde-olivo.
Bueno, vosotros la visteis, por lo menos... A la violeta, digo.
Marhya, vaya tejo!!! Pero es imprescindible la caminata hasta él para entenderlo y valorarlo.
Besotes!!!