Amanece en Segura de la Sierra, Jaén.

Un día claro pero fresco. Qué quiero, es 5 de Noviembre...

El Otoño en pleno esplendor.

Hoy nos acercamos a un reducto de bosque atlántico en plena área del Mediterráneo.

El sendero que sube hasta la cumbre del Navalperal nos sorprende con avellanos, helechos y algunos bosquetes de ¡¡¡acebos!!!
Únicos, por lo que he podido leer, en toda Andalucía.
Y en plena apoteosis de color. Con sus frutos rojos arracimados.

En el ascenso seguimos encontrando pino, laricio, que irá quedándose solitario con la altura.

Las vistas son inmensas.

Y algun pino bandera, cómo los denominan por aquí, nos indica la fuerza con la que el viento debe soplar en algunas ocasiones, en esta zona.
Según recomendación de Antón escogemos el camino hacia el observatorio. Nos ponemos los abrigos. Atravesamos una pradera, trepamos un poco... y nos apoyamos en la baranda, en donde permanecemos varios minutos.

Callados, con la mirada puesta en el infinito. La Sierra de Segura aparece completa ante nuestros ojos.

Es ahora cuando nos encaminamos al Pico Navalperal.

Llaneando por la altiplanicie llegamos al punto geodésico. Son 1620 metros de potente orografía.
Allí la vegetación se reduce a pastos y plantas rastreras con bonitos nombres cómo el asiento del pastor.

Y algún atrevido pino.
Durante todo el paseo nos ha acompañado, cómo único sonido, un estridente chirrido.

Aquí arriba descubro de donde proviene. Y lo identifico cómo una ¿cigarra?...
Hay decenas por el suelo.

Y en el cielo una pareja de buitres leonados, muy arriba.
Descendemos y de nuevo voy sola.

Me dejo llevar por mis piernas en la bajada. Vuelvo a sorprenderme con los acebos, observando como algunos han perdido la coriacidad de sus hojas, incluso sus bordes picudos.
Huele a bosque, a humedad, a madreselva.

Abajo me reencuentro con mis acompañantes. Sella se refresca en un regato.
Y desandando el camino volvemos al coche.
Nos planteamos el resto del día. Queremos subir al Yelmo pero también ver más cosas.
Y optamos por la solución más rápida.
Hacemos el ascenso en coche por un carreterín tan lleno de curvas cómo de estupendas vistas.

El Yelmo, con sus 1809 metros es la cumbre, por excelencia, de esta sierra.
Esta cumbre se ve desde casi todos los lugares de la cuenca segureña, y desde ella... hasta el infinito.

Por primera vez nos percatamos del tamaño del Embalse del Tranco.

E insisto en hacer una foto a Jucha en la pista de despegue que su hermano Pecha suele usar cuando vuela por estos parajes.
La altura es de vértigo.
Norabuena, Doña!!. El Yelmo es una de las asignaturas pendientes (la principal) de aquella bendita tierra. Se nos puso muy nublado y con tiempo desapacible por lo que tuvimos que cambiar de planes. Después de las magníficas vistas que se perciben desde sus fotografías
, todavía me entra más morriña.
También nos subimos los 1.620 metrejos del Navalperal. Por aquel entonces estaban reacondicionando la Caseta Forestal de la cima así como, la balaustrada donde vuecencia luce garbo y tronío.
Lo que no tuvimos fue el maravilloso paisaje otoñal con que nos obsequia en sus preciosas fotografías. WwaaAaaW !!! 
Recuerde, Doña, que los acebos, lo mismo que las encinas, solamente dotan de pinchos a sus hojas inferiores, como arma disuasoria, ante la perspectiva alimentaria de los cuadrupedos visitantes.
Zuhur. 