lunes, 06 de diciembre de 2010

Sábado, 6 de noviembre.

Me despierto demasiado pronto. Me acerco a la terraza y veo como la bruma cubre totalmente el Embalse del Tranco. Por encima las cumbres están limpias.

Espero, de nuevo, un día soleado y cálido.

Los primeros rayos colorean El Yelmo.

Orcera es uno de los pueblos más grandes de la zona, con más de 2000 habitantes.

Las casas encaladas de su barrio alto trepan por la ladera del Peñalta. Conservando el reticulado medieval de callejones estrechos.

Y plazoletas.

Con detalles y rincones que dotan de belleza este poblachón, que podría parecer insulso de un solo vistazo.

El eclectico ayuntamiento comparte plaza con la iglesia, y con una fuente-tarta.

Nuestra Señora de la Asunción fue levantada en el siglo XVI. Reconstruida tras las guerras napoleónicas y restaurada hace muy poco.

Su campanario usó como base un torreón de la vieja muralla para erigirse.

Su fachada fue traida del Convento de Santa María de la Peña, cuando éste se abandonó. Piedra a piedra.

Y en el interior, una sola nave, pimpante, nos muestra una serie de bóvedas de inspiración gótica, aún.

Entre cal y cal, algunas casas de principios del siglo XX se permiten el color. Y buenas puertas, con estudiados detalles de herrería en mirillas, rejas y picaportes.

A las afueras, saliendo por el polígono, podemos ver en línea las tres torres vigias de Santa Catalina, de origen árabe y función incierta.

Pasamos de largo por Cortijos Nuevos y llegamos a Hornos de Segura.

Dejamos el valle para volver a ascender por un camino sinuoso. Y allí está la Madinat de Fumus de los árabes.

Con un emplazamiento inexpugnable que sólo permitio a los cristianos acceder a partir de 1239.

En su cumbre se encuentra el castillo, en proceso de restauración y que se va a dedicar a Taller de Astronomía.

En la parte de atrás del Ayuntamiento se situa el balcón del Aguilón. Desde allí podemos ver las estribaciones más cercanas del pantano del Tranco y los ordenados olivares que rodean al pueblo.

Con las aguas del Tranco se cubrieron las mejores tierras del municipio. Eso provocó un movimiento de despoblación importante.

La iglesia de la Asunción, del siglo XVI, nos recuerda a su homónima de Orcera, aunque su estado es mucho más lamentable.

La bonita fachada, de un plateresco naciente, parece derretirse, cómo un helado en un día de agosto.

Dentro destacan unas coloristas vidrieras y una curiosa pila bautismal.

Doble. ¿Será para ahorrar agua?

En las calles volvemos a sentir la calidez de Andalucía.

Caminamos hasta la Puerta de la Villa, de factura árabe, y desde la que podemos seguir perdiendo la vista en el paisaje circundante.

En su parte de arriba hay restos de un fuerte romano. Estamos ante la entrada natural al pueblo, reciamente protegida por las sucesivas civilizaciones que poblaron la villa.

Seguimos perdiéndonos por sus recoletas y empinadas calles.

Posando la vista en el detalle.

Descubriendo nuevos lienzos de los amurallamientos cristianos, que la ciudad ha embutido en sus entrañas.

Aconsejados, de nuevo, por Antón, seguimos por la carretera de los miradores hacia Pontones.

En el primero la vista vuelve hacia Hornos, de nuevo, para ver cómo se recorta contra el cielo.

En el de Huelguecillas, y siguientes, los ojos se van hacia el paisaje, que los pinos laricios vuelven a llenar, del pantano hacia las sierras segureñas.

Se trata de una carretera llena de curvas, con un firme nuevo y seguro, que vale la pena hacer a baja velocidad.

Pretendemos comer en Pontones, pero antes nos desplazamos hacia la Fuente del río Segura.

Y llegamos a una poza, de aguas cristalinas, rodeada de un parque.

Demasiado transformado por la mano del hombre cómo para que nos llegue a gustar. En estas sierras la naturaleza gana por goleada y aquí se ha dejado avasallar.

 



Publicado por talipo @ 12:51  | Vericuetos
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Comentarios
Publicado por Marhya
miércoles, 08 de diciembre de 2010 | 16:26

Precioso todo. Me ha llamado la atención lo del taller astronómico, me parece una idea estupenda.

Un beso.

Publicado por talipo
miércoles, 08 de diciembre de 2010 | 19:52

A mí también me pareció una buena idea. No sabes los cielos tan estellados que se ven por estos lugares.

 

Besotes!!!