
Domingo, 7 de noviembre.
Hoy nos cuesta un poco más salir de la cama. Desayunamos lentamente, hacemos maletas, perezosos, y nos despedimos de Antón, nuestro magnífico anfitrión y guía de los últimos días.
Tenemos pendiente la visita al castillo, pero aún no ha abierto sus puertas.

Recorremos, entonces, parte de las murallas que rodearon a la villa. Lo que queda de la triple línea con que la fortificó Abul Asward, a partir de su toma en el 781. A partir de entonces Shaqura toma especial relevancia. Pero su poblamiento viene de antiguo, por aquí anduvieron fenicios, griegos y romanos.
Se levanta el castillo y hacia el 1150, cómo muestra de progreso y buen vivir, la ciudad se dota de baños. Lástima que no estén visitables...

En el ascenso hacia la fortaleza vemos la curiosa plaza de toros, casi rectangular, que aprovecha la pendiente del cerro a modo de graderío.

Más allá las Torres de Santa Catalina en el termino de Orcera, entre olivos.

Los flamantes lavaderos, recién restaurados, el Pozo de la Nieve, restos de la muralla...

Y la Iglesia de Santa María del Collado, que se levanta en pleno siglo XVI, sobre un templo medieval.

Cómo un enorme bloque pétreo, el Castillo de Segura de la Sierra se eleva 1300 metros.

Paseamos por el Patio de Armas en donde se concentran los baños árabes, una ermita santiaguista, aljibes, el refectorio.

Y espacios bajo soportales con horno, fragua y taller de cerámica.
La vida entera de una población puede hacerse aquí dentro.
La torre del Homenaje consta de cuatro plantas. Con salas que recrean la sociedad de la época árabe y cristiana y un recuerdo al poeta Jorge Manrique, que según algunos estudios, era natural de esta villa, y no de Paredes de Nava, cómo hemos estudiado todos en el cole...
No se engañe nadie, no
pensando que ha de durar
lo que espera,
más que duró lo que vio
porque todo ha de pasar
por tal manera.

La subida hacia cielo vale la pena.

El paisaje es impresionante, aunque esté lleno de nubarrones amenazantes.

Y disfrutamos un buen rato del horizonte.
De nuevo en la Plaza nos avisan de que en el interior de la ermita se proyecta un vídeo sobre la Orden de Santiago.
Nos echamos al suelo y, sobre la bóveda, seguimos un interesante documental sobre las andanzas de estos caballeros y sus ritos.

Es en el pueblo dónde vemos la fachada de la casa que habitó el poeta Manrique. Su madre Doña Mencía de Figueroa era segureña y su padre Don Rodrigo fué comendador de la Villa entre 1434 y 1474.
Por su grande habilidad,
por méritos y ancianía
bien gastada,
alcanzó la dignidad
de la gran Caballería
de la Espada.
En el escudo que corona la puerta vemos las armas de la familia Figueroa, acompañadas de la cruz de Santiago y los yelmos de Manrique padre.

Casas blancas y calles estrechas componen el resto del caserío.

La Iglesia se alza al otro lado de la calle principal, con una fachada enormemente clasicista y otra, más sencilla, sólo adornada por la cruz de Santiago.

En 1511 se construye la Fuente Imperial de Carlos I.

El agua, de nuevo, cómo en Cazorla. Controlada, cómo símbolo de poder y de vida.

Una virgen en una hornacina.

Un geráneo colorao'....

Y la magnífica Sede de los Jesuitas, actual ayuntamiento, junto a la Puerta Nueva.
Lo que fue, también, el noviciado de la orden, que tiene una iglesia anexa a la parroquia, está en plenas obras. Su fachada plateresca desluce con tanto material de construcción alrededor. Espero que recupere pronto su anterior esplendor.

En la torre del homenaje
está puesto toda hora
un estandarte
que muestra por vasallaje
el nombre de su señora
a cada parte;

En el escudo de Segura también se habla del pasado forestal de la villa y su comarca.

Con las maderas que allí se extraían se abastecieron, durante años, los astilleros de Sevilla y Cartagena.
Hasta la extenuación... La singular provincia Marítima de Segura de la Sierra fue creada en 1748 por Fernando VI y su regulación acabó con la economía de la zona.

Ahora los tiros van por otro lado. Inmensos olivares llenan la comarca, se protegen los espacios naturales, se fomenta un turismo de calidad...
Nos despedimos de Segura, de Cazorla, de Jaén.
Enamorados de sus paisajes, de sus pueblos, de sus gentes.
Con ganas de volver, para disfrutar de lo que ya conocemos y sorprendernos con lo que no hemos podido conocer.