Nochebuena.
Tiempo de reflexión.
Tiempo de buscar en mi interior, aunque todos los días lo haga un poquito, esa espiritualidad con la que quiero vivir. Ese cristianismo que he heredado de mis padres y abuelos, con el que deseo afrontar mi existencia, y del que cojo, sobre todo, el amor y el respeto por todos aquellos y todo aquello que me rodea.
Con ganas de pasar estos días con la familia y los amigos, voy a procurar no olvidarme del resto de la humanidad. De los que no pueden disfrutar de la vida como yo lo hago.