- Quien te ha visto y quien te ve, maja...
- ¡¡¡Sor Harturas!!! Cuanto tiempo... ¿Ha estado de vacaciones?
- Menos chanzas, niña, y más respeto.
- ¿Chanzas, sor? Eso ya no se dice...
- ¿Ah, no? ¿Y que se dice?
- Bromas, sor, coñas...
- ¿Coñas? ¡¡¡Qué ordinario!!!
- Pues sí, sor, muy ordinario...- rectifico avergonzada.- ¿Por qué dice usted lo de quien me ha visto...?
- Hace unos días, a las 2 de la mañana, con 3 º bajo cero y sacando a la perra de paseo...
- Lo hago todas las noches, sor. Y le tengo que decir que no me da ninguna pereza. Me pongo el abrigo, los guantes, el gorro y a la calle, tan campante. Es más... Me gusta.

- A esas horas no hay nadie en la calle, reina el silencio más absoluto y hace unos días experimenté algo muy extraño me encantó.
-¿Ah, sí? ¿El qué?
- Pues oía llover pero no lo veía. Debían ser tan finas las gotas...
-Sería niebla.
- No. No era niebla. La noche estaba muy limpia. En fin, un fenómeno muy chocante...

- Si quién no se conforma... Bueno, niña, qué menos fenómenos y más educar al chucho.
- Sor, que tiene siete meses, y se porta bastante bien... Ha hecho pocos estropicios en casa y es muy limpiuca.

- Pues a ver si, por lo menos, la enseñas a sentarse cómo una señorita.
- Pero, sor... Si es un perro.

- Una perra, maja...es una perra.