
Prao abajo, con las katiuskas, el chambergo, las orejeras, los guantes...
No sobra nada, que hace mucho frío, y la hierba está húmeda.

Pero el día amanece claro e invita a pasear.
Desde la peña que da nombre a la cala de mi infancia: Pombera.

Admirando las inflorescencias coloradas de los enormes Aloe Vera de Joaquín, el de Las Cañas.

Suspirando por las costumbres de antaño, cómo la de llevar el paraguas a la chepa.
Ya apenas se ven así. Aunque vaya con visera y deportivas...

Para llegar a la larguísima playa de Tregandín (Trengandín, la llamo yo).

Con la mar sorprendentemente alejada.

De una marea viva.

Cómo las de septiembre.

Aparecen rocas que desconozco.

Componiendo un paisaje singular.

Tras un atracón de percebes...

Sella corre sin ataduras, sin freno.

Aunque siempre vuelve, al lado de Jucha.

Y juntos marchan, por la arena y las rocas, hasta Pombera, de nuevo.

Jooooo, yo quiero que llegue ya el buen tiempo e ir a Noja. Por cierto, este finde ibamos a subir El Libélulo y yo, pero dicen que va a nevar en Palencia, y nos ha dado mieditis...
Por cierto, seguro que será un chascarrillo que yo no pillo (rima y todo, soy una artista), pero...es Trengandín de toda la vida, no????