
A mediados del siglo pasado los fondos del museo Arqueológico del Convento de la Merced se mudan al pabellón de Bellas Artes que Anibal González diseña para la Exposición Iberoamericana de 1929.
Para conocer la Sevilla pre y protohistórica hay que sumergirse en los sótanos. Allá voy.

Multitud de instrumentos en piedra, para cortar, pulir, trabajar, al fin y al cabo...hasta cerámicas del neolítico, llenan las primeras salas por las que paso.
Estoy sola y me puedo recrear en cada vitrina, leer cada cartela. Sonrío cuando reconozco alguna pieza y me sorprendo cuando descubro algo que no había visto antes.

Cada objeto me parece un hallazgo de importancia. Me cuenta algo de esos primeros pobladores de la zona y en eso reside su valor, que ahora es eterno.

El barro, la piedra, los metales, desde el bronce hasta el oro...

En herramientas, en artículos de lujo, en objetos suntuarios...

"Esta ofrenda la ha hecho B'lynt,
hijo de D'mlk y Bdb'l
hijo de D'mlk, hijo de Y'sl,
para Astarté, nuestra señora, porque ella
ha escuchado la voz de su plegaria"

Me trasmiten la cultura, la educación, la forma de vida de aquellos que nos antecedieron en estas tierras.

Cuando subo, despues del recogimiento de las salas subterráneas, los altos techos, los suelos de marmol y el bullicio de un grupo de estudiantes franceses me arrastra para contemplar la grandeza de los restos que Roma sembró, junto con los monolitos de las tumbas turdetanas.

Siempre me ha tirado más el objeto cotidiano que las grandes obras, pero en estas últimas me recreo en el detalle,

y con ello disfruto enormemente.

Un nudo, un ombligo, una onda en el pelo, trabajados en el marmol, con delicadeza, con dominio del cincel.

Y aquí hay tanto...

Majestuoso, casi ordinario...
Con los visigodos vuelvo a mi normalidad.

Y con los mudéjares a lo cotidiano.
